En un contexto global atravesado por la transición energética, la geóloga y doctora en Ciencias Naturales por la Universidad Nacional de La Plata, Silvia Irene Carrasquero, puso en el centro del debate una idea clave: el futuro de la minería no depende únicamente de la disponibilidad de recursos, sino de la capacidad de las sociedades para construir acuerdos que permitan desarrollarla de manera sostenible, en un equilibrio con el medio ambiente que va más allá de las visiones proteccionistas.
Carrasquero expuso en el ciclo «Hablemos de lo que Viene» la centralidad de los minerales críticos en la economía global y planteó que el desafío no es solo productivo, sino también social: avanzar hacia un consenso amplio que garantice crecimiento con responsabilidad ambiental.
Durante su exposición «Minerales críticos y estratégicos: la clave del futuro», en el ciclo organizado por El Tribuno, la especialista explicó que el mundo atraviesa una carrera compleja y no lineal hacia la descarbonización. «La humanidad quiere apurarse en dejar atrás los combustibles fósiles, pero los procesos tienen tiempos y etapas», advirtió.

Carrasquero ilustró las tensiones de este proceso con el caso europeo. Países que proyectaban abandonar el carbón se vieron obligados a extender su uso tras la Invasión rusa a Ucrania, debido a la necesidad de garantizar energía en inviernos extremos. «La realidad obliga a equilibrar objetivos ambientales con demandas energéticas concretas», señaló.
Incluso las energías renovables, consideradas la base del futuro, no están exentas de impacto. Grandes parques solares o eólicos requieren evaluaciones ambientales rigurosas, ya que pueden alterar microclimas y ecosistemas. «Nada es inocuo a gran escala. Todo desarrollo implica responsabilidades», sintetizó.
El corazón del cambio
La especialista explicó que los minerales estratégicos son aquellos necesarios la industria y disponibles como recursos naturales en los países productores, pero se vuelven críticos cuando su disponibilidad es limitada o su acceso está condicionado por factores geopolíticos, económicos o tecnológicos en un escenario de demanda mundial.

Ejemplos como el grafito -clave en la industria aeroespacial y en tecnologías de precisión- o el cobalto -fundamental en la medicina y las baterías- reflejan cómo estos recursos atraviesan múltiples dimensiones de la vida moderna. Lo mismo ocurre con el litio, central en el desarrollo de vehículos eléctricos y almacenamiento de energía, especialmente relevante en el norte argentino.
De la guerra de la Independencia, hasta la transición energética
Con un interesante planteo sobre la demanda de los minerales a nivel mundial, la doctora Silvia Carrasquero de la Universidad Nacional de La Plata, remarcó que la criticidad de los minerales no es estática, sino histórica: «Los minerales críticos de hoy no son los mismos que hace 30 u 80 años. Dependen del momento tecnológico y de las necesidades de la sociedad».
Una mirada histórica
Para graficar esta idea, la geóloga recurrió a un ejemplo del pasado: el cruce de los Andes liderado por el general José de San Martín. En ese contexto, minerales como el hierro, el cobre, el plomo o el azufre eran críticos para la independencia, ya que permitían fabricar armas, herraduras y pólvora.

«El concepto de mineral crítico siempre está ligado a la necesidad. En ese momento era la independencia; hoy es la transición energética», explicó.
Argentina y su potencial
Carrasquero destacó que Argentina posee importantes recursos minerales -desde litio hasta cobalto, níquel o vanadio- distribuidos en distintas regiones del país. Sin embargo, subrayó que el desafío no es solo geológico, sino también institucional y social.
El desarrollo minero, sostuvo, debe integrarse con normas ambientales vigentes, como la Ley General del Ambiente 25.675, y con prácticas responsables en cada etapa de la actividad.
El eje del debate
Más allá de los aspectos técnicos, la exposición dejó un mensaje político y social claro: la minería requiere un compromiso colectivo.
«Tenemos todo dado para cuidar el ambiente, pero hace falta conciencia y responsabilidad compartida», afirmó. En ese sentido, planteó que el desarrollo minero debe involucrar a empresas, trabajadores, científicos, el Estado y la sociedad en su conjunto.

La especialista citó al jurista Víctor Martínez, quien señalaba que sin minería no existirían gran parte de los avances de la civilización moderna, desde la infraestructura hasta la medicina. Pero ese reconocimiento, advirtió Carrasquero, no puede desligarse de la exigencia de hacerlo bien.
Desarrollo sostenible
El planteo final sintetizó el espíritu de su disertación: avanzar hacia un modelo donde la minería sea motor de desarrollo sin convertirse en una amenaza ambiental.
«La clave es entender que el cuidado del ambiente no es un obstáculo, sino una condición para el futuro», sostuvo.
En ese equilibrio -entre la urgencia de producir los minerales que demanda el mundo y la necesidad de preservar los ecosistemas- se juega, según la especialista, no solo el rumbo de la industria minera, sino también la posibilidad de construir un consenso social duradero que legitime su crecimiento.
