jueves, diciembre 1
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Lápidas con recetas de familia, desde Alaska hasta Israel


En su casa de Washington, D.C., Charlie McBride prepara a menudo la receta de tarta de durazno que hacía su madre. Mientras vierte la cobertura sobre la fruta, recuerda cómo su mamá, sus tías y su abuela se sentaban bajo un árbol en Luisiana y contaban historias mientras pelaban duraznos para enlatarlos para el invierno.

A McBride le gustaba tanto esa receta familiar que, cuando su madre, O’Neal Bogan Watson, murió en 2005, la hizo grabar en su lápida del cementerio de New Ebenezer, en Castor (Luisiana), un pueblo de 230 habitantes. Las instrucciones de su madre eran sencillas: hornear la tarta a 350 grados «hasta que esté hecha».

«Realmente es una excelente receta», dice McBride, de 78 años, consultor de políticas públicas.

Charlie McBride. Foto: Jennifer Chase/ The New York Times

Charlie McBride. Foto: Jennifer Chase/ The New York Times

En los cementerios, desde Alaska hasta Israel, las familias recuerdan a sus seres queridos con las recetas más preciadas del difunto talladas en piedra. Esos platos –en su mayoría postres– son para los familiares una forma de recordar los momentos dulces y aportan algo de alegría a los visitantes que los descubren entre los monumentos más tradicionales.

«Sólo tenemos una oportunidad para causar una última impresión«, dice Douglas Keister, fotógrafo y autor que ha escrito varios libros sobre cementerios, entre ellos «Stories in the Stone: A Field Guide to Cemetery Symbolism and Iconography» (Historias en piedra: Guía de campo sobre el simbolismo y la iconografía de los cementerios).

(Para su propio monumento, Keister planea un banco con la inscripción «Los Keister van aquí».)

Un fenómeno en TikTok

Las recetas en las lápidas son un fenómeno relativamente nuevo en la larga historia de la iconografía de los cementerios, dijo. Pero han encontrado un fervoroso número de seguidores en internet.

En su canal de TikTok, @ghostlyarchive, Rosie Grant comparte recetas de lápidas que han recibido cientos de miles de visitas de un público fiel fascinado por la intersección entre los cementerios y la cocina.

«Los cementerios son un museo al aire libre«, dice Grant, de 32 años, que vive en Washington D.C.

Los recientes avances en la tecnología de las lápidas, como los láseres que pueden grabar directamente en piedra, han facilitado la posibilidad de dejar un recuerdo más personalizado, dijo Keister. Algunos incluyen códigos QR que llevan a sitios web de monumentos conmemorativos.

Receta de galletitas alemanas en la lápida de una tumba en Iowa. Foto: Rachel Mummey/ The New York Times

Receta de galletitas alemanas en la lápida de una tumba en Iowa. Foto: Rachel Mummey/ The New York Times

«Utilizamos los monumentos conmemorativos de los cementerios como una forma de arte», dijo Jonathan Modlich, propietario de Modlich Monument Co. de Columbus (Ohio) y presidente de Constructores de Monumentos de América del Norte. «Nuestro trabajo como constructores de monumentos es captar una parte de la historia que pueda contarse en generaciones futuras».

Años antes de que Martha Kathryn Kirkham Andrews muriera, su receta de fudge (dulce de azúcar) se agregó a la lápida que compartiría con su marido, Wade Huff Andrews. La receta atrajo a tantos curiosos en el cementerio de la ciudad de Logan, en Utah, que el sector donde estaba su parcela llegó a conocerse como «la sección del fudge».

Ella y su marido habían leído un libro sobre epitafios divertidos y decidieron hacer de su lápida un reflejo de su vida. Él quiso conmemorar su vida con varias imágenes en su lado de la lápida, entre ellas la del bombardero B-24 Liberator que piloteó en la Segunda Guerra Mundial y al que llamó Salt Lake Katie en honor a su mujer.

Ella eligió la receta del fudge que a menudo llevaba a las reuniones de la iglesia o del club y a otros encuentros.

«Cuando ella hacía fudge, era seguro que este saldría por la puerta», dijo su hija, Janice Johnson, de 75 años, de Syracuse, Utah.

Cuando Wade Andrews murió en el año 2000, la empresa que contrataron para crear el monumento cometió un error al tallar la receta con demasiada cantidad de vainilla. A una generación de visitantes del cementerio el fudge seguramente les quedó demasiado líquido hasta que se corrigió el error tras la muerte de Martha Andrews en 2019.

Con la tecnología láser es más fácil hoy grabar las recetas. Foto: Rachel Mummey/ The New York Times

Con la tecnología láser es más fácil hoy grabar las recetas. Foto: Rachel Mummey/ The New York Times

Para Richard Dawson, de 71 años, de Chester Springs (Pensilvania), los recuerdos de las fiestas familiares se evocan mejor saboreando las galletitas alemanas que hacía su madre, Naomi Odessa Miller Dawson. También eran las favoritas en la oficina de Richard Dawson pero, cuando un compañero de trabajo le pidió la receta, su madre le dijo que no la daría.

Dawson hizo grabar la receta en su lápida. «En un momento dado, pensé que quizá sintiera haberla traicionado», dijo. «Pero creo que está contenta por toda la atención que ha recibido la lápida».

«Cocinando con los muertos»

Allison C. Meier descubrió la receta de Naomi Dawson hace unos años mientras paseaba por el cementerio de Green-Wood, en el barrio neoyorquino de Brooklyn, buscando lápidas inusuales para un tour que conduce. La forma de libro abierto de la lápida le llamó la atención y, al acercarse, se sorprendió al ver una receta en lugar de un símbolo religioso.

El descubrimiento llevó a Meier a coescribir durante la pandemia un fanzine sobre las recetas de las lápidas que encontró. Lo tituló «Cocinando con los muertos».

«Las recetas son una forma muy linda de recordar a las personas», dijo Meier, de 37 años, que vive en el barrio de Flatbush, en Brooklyn. «Uno sigue sus pasos y combina los ingredientes de la misma manera que ellas».

Richard Dawson hizo grabar la receta secreta de su mamá. Foto: Rachel Mummey/ The New York Times

Richard Dawson hizo grabar la receta secreta de su mamá. Foto: Rachel Mummey/ The New York Times

En Alaska

En Nome (Alaska), Bonnie June Johnson era conocida por lo estricta que era al mando de la División de Vehículos de Motor de la ciudad y por la dulzura de sus galletas de avena no horneadas, dijo su hija, Julie Johnson Szczech, de 52 años, de Fairbanks (Alaska).

La receta se inscribió en 2007 en la lápida de Johnson en el cementerio de la ciudad de Nome, junto con la imagen tallada de un pote de crema de Cool Whip. (Ella coleccionaba decenas de ellos.) La receta requiere ingredientes no perecederos, como avena instantánea y cacao Swiss Miss, que son relativamente fáciles de encontrar en un estado donde los alimentos de este tipo a menudo no lo son.

Incluso el hombre que quitó la nieve del patio delantero de Johnson hizo un «trabajo más que bueno porque recibió esas galletas», dijo su hija.

En Israel, también

La receta de las galletas de nuez de Ida Kleinman, las preferidas de todos, está grabada en hebreo en su lápida del cementerio de Rehovot (Israel). Kleinman, que nació en Rumania y se casó con un sobreviviente del Holocausto, rellenaba la masa de nueces molidas, mermelada de frutilla y lokum, dijo su hijo, Yossi Kleinman, de 65 años, de Rehovot.

Cuando va a visitar la tumba que comparten sus padres, le gusta sentarse y observar a los transeúntes. «Sólo quiero que la gente se fije en la piedra», dijo, y añade que ha visto a algunos anotar la receta.

Uno de los primeros ejemplos de este género fue la lápida que Maxine Kathleen Poppe Menster colocó en 1994 en el cementerio comunitario de Cascade (Iowa), con una receta de galletitas navideñas alemanas de sus bisabuelos. Cuando ella era chica, sus padres colgaban las galletitas del árbol de Navidad, contó su hija Jane Menster, de 66 años, de Bernard (Iowa).

Cuando preparaba las galletas cada diciembre, Maxine Menster asignaba a la familia varios puestos en la cocina: ella extendía la masa, su madre horneaba las galletas y sus hijos las decoraban con grana de colores.

«Un cementerio no tiene por qué ser un lugar triste», dijo su hija. «Puede ser un lugar de grandes recuerdos. Puede impulsar a la gente a hablar de los buenos recuerdos en lugar del último recuerdo».

c.2022 The New York Times Company

Traducción: Elisa Carnelli

ap​



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