miércoles, mayo 25
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«El humano más veloz es comunista»


Ahora que la invasión rusa a Ucrania, con su secuela de crueldad y destrucción, coloca al mundo en vilo, es oportuno mencionar que varias de las estrellas que hicieron de la ex URSS una potencia deportiva habían surgido justamente de Ucrania. Podremos mencionar a ese coloso del salto con garrocha llamado Sergey Bubka, hoy vicepresidente de la Federación Internacional de Atletismo, a los campeones olímpicos de largas distancias como Vladimir Kuts y Piotr Bolotnikov, entre ellos. Y a otro coloso, en este caso del sprint, Valeri Borzov.

Los Juegos Olímpicos de Munich, hace medio siglo, resultaron memorables. Quedaron signados por la tragedia, la masacre que un comando palestino perpetró contra la delegación israelí. Pero en el terreno deportivo fueron los Juegos de super figuras como el nadador Mark Spitz con sus siete medallas de oro, la final de básquet entre Estados Unidos y la URSS (con el tanto final de Volkov que aún hoy se sigue discutiendo), con la supremacía del corredor finés Lasse Viren… Y porque fue en aquellos Juegos donde Valeri Borzov, un ucraniano que representaba a la Unión Soviética, se apoderó de las finales de velocidad, un terreno donde históricamente los estadounidenses se sintieron imbatibles (y donde ni antes ni después surgió desde la ex URSS ningún exponente de primera clase).

Hay que situarse en esa época, plena Guerra Fría. El deporte era muchas veces el escenario de esa tensión, más agradable por supuesto. El match por el título mundial de ajedrez en Reijiavick entre Bobby Fischer y Boris Spasski resultaba el mejor ejemplo, con los gobiernos de ambas potencias involucrados.

Valeri Borzov al momento de ganar el oro en los 100 metros llanos en Munich 1972.

Valeri Borzov al momento de ganar el oro en los 100 metros llanos en Munich 1972.

Borzov –nacido en Sambor (Ucrania) el 20 de octubre de 1949- había irrumpido sorpresivamente en la elite de la velocidad mundial cuando, a sus veinte años, marcó 10s. exactos en Kiev, el 18 de agosto de 1969, igualando el récord europeo con el cronometraje manual que todavía regía en ese momento. Se proclamó campeón europeo en Atenas, título que retuvo dos años más tarde en Helsinki. Y al llegar a los Juegos de Munich exhibía toda su confianza: llevaba dos temporadas invicto, incluyendo varios duelos con los mejores de Estados Unidos.

Durante los Trials (eliminatorias olímpicas) estadounidenses, el 1° de julio en Eugene –que también será la sede del próximo Campeonato Mundial- surgieron los tres nombres para enfrentar a Borzov en la cita olímpica: Eddie Hart y Reggie Robinson corrieron en 9s.9, Robert Taylor empleó una décima más.

Los tres estadounidenses y Borzov pasaron sin dificultades la primera ronda de los 100 metros en los Juegos de Munich, durante la mañana del 31 de agosto y lo mismo se suponía para los cuartos de final, a la tarde. A las 16.00, hora programada para esa ronda, Taylor, Hart y Robinson estaban mirando tranquilamente las competiciones atléticas desde una cabina de la NBC. ¡Se habían confundido con el horario!

Valeri Borzov, el hombre más rápido del planeta durante la década del 70.

Valeri Borzov, el hombre más rápido del planeta durante la década del 70.

La cabina se encontraba a 500 metros del Estadio Olímpico, abordaron un auto y salieron hacia la pista pero, al llegar, las series de Hart y Robinson ya habían terminado. Taylor alcanzó a participar en la tercera y, sin siquiera precalentar, logró el segundo puesto con 10s.16; mientras Borzov ganaba con 10s.07, la mejor marca de su vida bajo control electrónico y récord europeo.

Al día siguiente, en las semifinales, el ucraniano pasó sin demasiado esfuerzo (10s.21) y en la final le dio a la URSS una de las medallas de oro más celebradas de su historia, marcando 10s.14. Levantó los brazos al llegar –habitualmente inmutable, ese fue uno de sus únicos gestos conocidos- y dejó a Taylor con la medalla de plata en 10s.24, La de bronce correspondió al jamaiquino Lenox Miller (10s.33), quien también había estado en el podio cuatro años antes, en México. Y para la URSS también correspondió el cuarto puesto de Alexander Korneliuk, oriundo de Azerbaiján. Uno de los ocho finalistas que no pudo completar la prueba, lesionado, fue Haseley Crawford (Trinidad Tobago), quien tendría una impactante revancha cuatro años después.

Momentos más tarde de la finalísima de los 100 metros, Borzov concurrió a la ronda de prensa y resistió –impasible- las agresivas preguntas de los enviados estadounidenses (tanto, que no volvería días después, tras correr los 200 metros llanos). Por supuesto, todo se concentraba en: “¿Hubiera ganado frente a Hart y Robinson?”. Borzov: “Les gané a los que estaban allí”. Cuando se calmó la situación, le preguntaron cómo cambiaría su vida a partir de semejante triunfo: “Cambiará mucho, voy a firmar diez veces más autógrafos”. El título de la nota escrita por Red Smith en The New York Times reflejaba los sentimientos de esa época: “El humano más rápido es un comunista”.

El trámite en los 200 metros fue más simple para Borzov quien, en la plenitud de su forma física y técnica, marcó 20s.00 electrónicos, otro récord europeo y el mejor registro de su vida. Era, al mismo tiempo, la mejor marca del mundo hasta aquel momento en ciudades a nivel del mar. Los estadounidenses no pudieron frenarlo, quedando segundo Larry Black con 20s19 y sus compañeros Larry Burton y Chuck Smith, 4° y 5° respectivamente, precedidos por otro europeo que haría historia en esta disciplina, el italiano Pietro Mennea.

Larry Black, furioso, calificó a Borzov como “un payaso” porque, aparentemente y en un gesto de soberbia, habría mirado hacia atrás en su llegada. El ucraniano le respondió: “Mi único oponente es el cronómetro”.

El único consuelo para los estadounidenses fue el triunfo en el relevo 4×100 con un récord mundial de 38s.19, formando allí con Black, Taylor, Tinkler y Hart, quedando los soviéticos –Borzov incluido- en el segundo puesto.

Borzov inscribió, de esta manera, su nombre en ese privilegiado “club” de los super velocistas que han logrado el doblete 100/200 metros en la historia de los Juegos Olímpicos. Un “club” que incluye, por supuesto, a este coloso llamado Usain Bolt –lo consiguió tres veces entre 2008 y 2016- así como a Jesse Owens (1936) y Carl Lewis (1984), además de otros nombres que nos suenan más lejanos: los estadounidenses Archie Hahn en 1904 y Ralph Craig en 1912, el canadiense Percy Williams (1928) y otro estadounidense, Eddie Tolan (1932). Y uno más –fallecido hace pocas semanas- el Bobby Morrow en Melbourne 1956.

Pero, a la vez, Borzov quedó como uno de los pocos velocistas europeos que quebraron la supremacía caribeña o norteamericana en los 100 metros: antes lo habían hecho los británicos Reggie Williams (1908) y Harold Abrahams (1924), retratado por Carrozas de Fuego, además del alemán Armin Hary, el primer hombre en la historia que cronometró 10s.0 en la “prueba reina”. Y otros tres europeos triunfaron posteriormente a Borzov: el británico Alan Wells en Moscú 1980 –Juegos afectados por el boicot occidental- su compatriota Linford Christie en Barcelona 1992 y, el año pasado, el italiano (nacido en Texas) LaMont Jacobs.

La supuesta polémica alrededor de aquella victoria en los 100 metros por la ausencia de los dos estadounidenses se disipó rápido y la misma historia colocó las cosas en su lugar: Borzov fue un consistente velocista durante varias temporadas, en tanto Hart y Robinson tuvieron un efímero paso por las pistas.

Nada menos que Jesse Owens elogió en aquel momento al ucraniano: “Lo que hizo fue sensacional”. Cuando le preguntaron a qué corredor le recordaba, el Antílope de Ebano respondió: “A mí”. Probablemente, por el estilo relajado y la sensación de seguridad personal. A la manera de homenaje, cinco años más tarde, cuando la NASA lanzó las naves Voyager 1 y 2, entre sus fotos, mapas y dibujos colocaron… la imagen de Borzov en Munich.

Luego de los Juegos de Munich, Borzov se tomó una temporada sabática en la alta competición, pero retornó en el 74 para ganar por tercera vez consecutiva el título europeo de los 100 metros en Roma, delante de Mennea. Además de estos títulos, también hay que citar que fue campeón en siete oportunidades del Europeo en pista cubierta, sobre distancias cortas (50 o 60 metros), en las temporadas invernales.

El trinitense Crawford en lo más alto junto al jamaiquino Donald Quarrie y Borzov (bronce) en Montreal 1976.

El trinitense Crawford en lo más alto junto al jamaiquino Donald Quarrie y Borzov (bronce) en Montreal 1976.

Y aún se mantuvo en alto nivel para los siguientes Juegos Olímpicos, en Montreal (1976) donde se llevó la medalla de bronce con 10s.14. Allí sí triunfó Crawford (10s.06), convirtiéndose en un héroe nacional para una isla pródiga en grandes velocistas, Trinidad y Tobago, cuyo estadio de atletismo hoy lleva su nombre. La medalla de plata fue para el jamaiquino Donald Quarrie, mientras que los estadounidenses volvieron a quedarse sin podio, siendo Harvey Glance (cuarto con 10s.19) su valor más destacado.

La campaña de Borzov prácticamente culminó allí, las lesiones se ocuparon de alejarlo y un tímido intento de estar en Moscú 80 ni siquiera prosperó.

Su vida deportiva, plena de éxitos, se complementó en su matrimonio con una de las gimnastas más laureadas de la historia, Lyudmila Turischeva, ganadora de cuatro oros olímpicos (como el concurso completo en Munich) y una personalidad –en la dirigencia y en los entrenamientos- en su deporte.

Valeri Borzov junto a su esposa Lyudmila Turischeva.

Valeri Borzov junto a su esposa Lyudmila Turischeva.

Lyudmila Turischeva.

Lyudmila Turischeva.

Una de las objeciones que la prensa estadounidense lanzó sobre Borzov en aquella década triunfal, con sospechas sobre sus triunfos, era que se trataba de “un producto de laboratorio”, ya que lo entrenaba un fisiólogo, Valentin Petrovsky. Sin embargo, ese “laboratorio” no produjo otro atleta reconocido y, Petrovsky, se hizo famoso después, como asistente en el entrenamiento de Oleg Blojin y el Dínamo Kiev de sus mejores épocas futbolísticas.

Borzov y su coach Petrovsky fueron reconocidos como verdaderos innovadores en los sistemas de entrenamiento para la velocidad. También, en cada detalle de la carrera, como la largada y la aceleración. Borzov apuntaba que la relajación es una de las cualidades esenciales de un velocista. En un artículo que escribió en 1979 en la revista rusa Pista y Campo, explicó: “Es necesario desarrollar la capacidad de desvincularse del mundo y evocar las imágenes deseadas. Trato de conservar mi energía nerviosa hasta el momento de salir a la pista. Durante el proceso de calentamiento recuerdo un bosque y una escena de pesca. Esto me lleva a sentirme tranquilo y desalienta la sensación de agobio”. También resaltaba que el atleta no debe dejar que sus rivales conozcan su sentimiento: “Debajo de la igualdad externa, puede haber inquietud y miedo, signos de fortaleza o debilidad. La incertidumbre es preocupante, los que están más perturbados son los que cometen más errores. Estas son las reglas del juego”. Los medios occidentales lo describían como “un robot” porque era imperturbable. “Para la mentalidad estadounidense de esos tiempos, él era un soviético, un comunista, una mala persona”, definió Frank Litski, también en The New York Times.

A su retiro de las competencias y, mucho después, con la extinción de la URSS, Valeri Borzov ocupó importantes puestos directivos desde Ucrania: es miembro del Comité Olímpico Internacional desde 1994 –desde tal puesto visitó varias veces Buenos Aires- fue ministro de la Juventud y Deportes de Ucrania y titular de la Federación Atlética ucraniana.

Valeri Borzov: ficha deportiva

Mejores marcas personales
100 metros llanos (cronometraje electrónico) 10s.07 Munich 31.08.1972
100 metros llanos (cronometraje manual) 10s.0 Kiev 18.08.1969
200 metros llanos (cronometraje electrónico) 20s.00 Munich 04.09.1972
200 metros llanos (cronometraje manual) 20s.2 Moscú 18.07.1971

Actuaciones olímpicas
1972 Munich: medalla de oro en 100 (10s.14) y 200 metros llanos (20s.00), medalla de plata en posta 4×100
1976 Montreal: medalla de bronce en 100 (10s.06) y posta 4×100 m.

Campeonatos Europeos
1969 Atenas: 1° en 100 (10s.4) y 2° en posta 4×100
1971 Helsinki: 1° en 100 (10s.27) y 200 (20s.3)
1974 Roma: 1° en 100 (10s.27) y 4° en posta 4100
1978 Praga: 8° en 100 (10s.55)

Campeonatos Europeos de Pista Cubierta
1970 Viena: 1° en 60 metros (6s.6)
1971 Sofía: 1° en 60 metros (6s.6)
1972 Grenoble: 1° en 50 metros (5s.75)
1974 Göteborg: 1° en 60 metros (6s.58)
1975 Katowice: 1° en 60 metros (6s.59)
1976 Munich: 1° en 60 metros (6s.58)
​1977 San Sebastián: 1° en 60 metros (6s.59)



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