A casi 3.000 metros sobre el nivel del mar, en uno de los rincones más aislados del departamento San Carlos, una escuela primaria albergue y una pequeña comunidad enfrentan desde hace años una problemática tan básica como urgente: el acceso al agua.
La situación fue visibilizada por Jimena Villanueva, profesora de Educación Física que trabaja en la escuela 4.596 Juan de la Mata Güemes de Isonza. Según relató a El Tribuno, tanto el establecimiento como las familias de la zona dependen de un precario sistema de captación de agua desde una vertiente ubicada a unos tres kilómetros de distancia. «Si no tiene agua la escuela, no tiene la comunidad», resumió la docente.

Para llegar hasta la fuente de agua hay que caminar varios kilómetros por senderos de montaña. Allí nace una vertiente que abastece al establecimiento y a parte de la población local. Sin embargo, el sistema presenta numerosas deficiencias. «Hay un solo filtro que llega hasta la escuela y desde la escuela sale el agua para algunas personas de la comunidad. Hay gente que no logra tener el agua limpia porque tampoco está en condiciones», explicó.
«El agua se contamina»
Según describió, parte del recorrido del agua se realiza a través de un canal abierto que en algunos sectores está deteriorado. Además, por la zona circulan animales. «Hay un tramo que está bien hecho y el otro no. Pasan las vacas y obviamente el agua se contamina. Lo que hace falta son mangueras», sostuvo.
Buena parte del funcionamiento del sistema depende de una sola persona: don Enzo, un vecino de la comunidad que todos los días se encarga de limpiar el canal para evitar que el agua llegue contaminada. «Todas las mañanas, a las seis, tiene que ir a limpiar para que la comunidad educativa tenga bien el agua y también la comunidad en la que vive», contó Villanueva.

La docente señaló que el hombre realiza la tarea desde hace 16 años y prácticamente en soledad. «Él me decía: ‘Profe, yo no vengo por el sueldo. Yo vengo para que los chicos y nosotros no consumamos siempre esa agua’. Si él no va a limpiar todos los días y a sacar el excremento de las vacas, es el agua que consumen los chicos y con la que cocinan», relató.
Según indicó, el vecino recibe 100 mil pesos por su trabajo y ni siquiera cuenta con las herramientas adecuadas. «Me mostraba sus botas y me decía que apenas había logrado que se las dieran. También me contó que una crecida se llevó herramientas que utilizaba para hacer defensas. Uno lo ve y entiende que no tiene los recursos necesarios para hacer una tarea tan importante», señaló.
Alumnos a caballo
La escuela de Isonza es primaria y cuenta actualmente con nueve estudiantes. Funciona además como albergue para niños que viven en puestos alejados. «Hay una nena que viene a caballo tres horas. Otros chicos también llegan desde distintos puestos de la zona. Algunos son de Rumi Arco, otros de Rodeo», explicó.
La matrícula ha disminuido con el paso de los años, pero las dificultades siguen siendo las mismas. «Son familias de escasos recursos. Muchos se dedican a la ganadería, pero no en gran escala. También hay gente que trabaja dando de comer a los animales o realizando tareas rurales», comentó.
Agua calentada a leña
Las carencias no se limitan al agua. Villanueva explicó que la escuela cuenta con paneles solares, pero parte del sistema dejó de funcionar por el deterioro de algunos componentes. «No podemos usar estufas ni termotanques. Hay chicos albergados y un día a la semana calentamos agua en una olla grande para que puedan bañarse», contó.
La docente remarcó que muchas de estas situaciones suelen pasar desapercibidas porque ocurren en lugares alejados de los centros urbanos. «Nosotros no es que decimos ‘no hay gas’ o ‘no hay clases’. Nosotros calentamos el agua con leña, a la antigua. Esa es nuestra realidad», afirmó.
También señaló que el uso de la energía debe administrarse cuidadosamente. «Hay una sola televisión pequeña y se usa unos minutos. Si no se cuida la energía, después no hay luz durante la noche», explicó.
Qué necesitan:
Según el relato de Villanueva, la principal necesidad es mejorar el sistema de captación y distribución de agua en Isonza. Entre los requerimientos más urgentes figuran:
- – Más mangueras para cubrir todo el recorrido desde la vertiente (unos 700 metros).
- – Nuevos filtros para garantizar agua segura.
- – Reparación y mejora de los canales por donde circula el agua.
- – Herramientas y equipamiento para quienes realizan las tareas de mantenimiento.
- – Asistencia técnica para diseñar una infraestructura adecuada.
- – Mejoras en el sistema de energía solar de la escuela.
«Don Enzo me llevó caminando para mostrarme todo. Ahí uno se da cuenta de que el canal no está en condiciones y de que hace falta mucho más que voluntad para sostener esto», expresó la profesora.
Llegar a Isonza no es sencillo. Desde San Carlos el viaje puede demandar más de tres horas y media por caminos de montaña. En algunos casos hay que rodear por Cachi y Piedra del Molino. «Es uno de los lugares más escondidos que tiene San Carlos», describió Villanueva.
La comunidad está compuesta por unos 30 habitantes permanentes. Muchos jóvenes migran para buscar trabajo y las oportunidades son escasas. Por eso la docente considera importante que la situación se conozca.
«Muchas veces estas necesidades no están visibles y quedan ahí. Estamos hablando de algo tan básico como el acceso al agua en pleno 2026. Lo que queremos es que la gente vea la realidad que hoy viven los chicos y las familias de Isonza», remarcó.
