¿Qué tienen en común una fruta madura, una flor, una papa y una taza de café? Para Joaquín Ais, la respuesta va mucho más allá de la alimentación. Todos esos elementos forman parte de una red biológica compleja que sostiene la vida y que, al mismo tiempo, atraviesa la cultura, la historia y las experiencias cotidianas de las personas.
Durante su participación en el ciclo Hablemos de lo que Viene organizado por El Tribuno, el licenciado en Ciencias Biológicas y divulgador científico, Joaquín Ais, propuso un recorrido por el universo vegetal a partir de preguntas simples y cercanas. Lejos de una exposición académica tradicional, eligió construir puentes entre la ciencia y la vida diaria, recordando que todas las personas, sin excepción, mantienen una relación permanente con las plantas a través de lo que comen.
«Comer, comemos todos. Todo el tiempo», señaló al comienzo de la charla, para remarcar que la alimentación constituye uno de los pocos puntos de encuentro universales entre personas de diferentes edades, culturas y lugares del mundo.

A partir de esa idea, explicó que gran parte de la energía que sostiene la vida en el planeta sigue teniendo origen en un mismo proceso: la capacidad de las plantas para captar la energía solar y transformarla en alimento. Aunque la sociedad moderna parezca cada vez más alejada de los procesos naturales, sostuvo que los seres humanos continúan dependiendo de los ecosistemas para producir aquello que consumen.
En ese contexto, reivindicó la importancia de volver a observar las plantas, organismos que suelen pasar desapercibidos porque están presentes en todos los aspectos de la vida cotidiana. Según explicó, detrás de cada fruto, cada flor o cada raíz existe una historia evolutiva fascinante.
Uno de los ejemplos que utilizó fue el de las frutas. Los colores, aromas, sabores y texturas que resultan tan atractivos para las personas no son casuales. Son estrategias desarrolladas por las plantas para atraer animales y garantizar su reproducción.

«La comida no son solo calorías; es significado, es construcción de la realidad». La frase, de Joaquín Ais durante su exposición, condensó una de las reflexiones más profundas de toda la jornada y abrió una mirada diferente sobre un acto cotidiano que suele darse por sentado.
Para el divulgador científico, la alimentación no puede entenderse únicamente desde la nutrición. Aunque comer responde a una necesidad biológica fundamental, las personas también construyen identidades, vínculos y memorias a través de los alimentos. Cada plato, cada ingrediente y cada receta contienen historias que hablan de una comunidad, de un territorio y de una forma particular de relacionarse con el mundo.
Ais explicó que los seres humanos desarrollaron una relación compleja con la comida. A diferencia de otros animales, no eligen qué consumir solamente por una cuestión de supervivencia. Los sabores, las costumbres familiares, las celebraciones y los recuerdos también influyen en las preferencias alimentarias.

Por eso sostuvo que detrás de una preparación aparentemente simple existe una dimensión cultural que suele pasar inadvertida. Una receta heredada de abuelos y padres, por ejemplo, transmite mucho más que una combinación de ingredientes. También comunica tradiciones, valores, formas de encuentro y experiencias compartidas.
En ese sentido, destacó que la alimentación constituye uno de los espacios donde naturaleza y cultura se encuentran de manera permanente. Los alimentos tienen un origen biológico, pero adquieren significado a través de las personas que los producen, los transforman y los consumen.
La reflexión llevó inevitablemente a pensar en los productos vinculados a cada región. Durante la charla mencionó especies y recursos que forman parte de distintos territorios y que, en muchos casos, han quedado relegados frente a una oferta alimentaria cada vez más homogénea y globalizada.

Para el expositor, volver a prestar atención a los alimentos locales implica recuperar historias, conocimientos y saberes construidos durante generaciones. También significa reconocer las particularidades de cada ambiente y comprender que no todos los territorios producen lo mismo ni de la misma manera.
La idea adquiere especial relevancia en provincias como Salta, donde conviven una enorme diversidad de paisajes, climas y culturas. En esos contextos, los alimentos forman parte de un patrimonio que expresa la identidad de las comunidades y su relación con el entorno.
Ais también llamó a reflexionar sobre el origen de los alimentos y los procesos que intervienen hasta que llegan a la mesa. Consideró importante conocer quién los produce, cómo se cultivan y qué relación guardan con el territorio.

Esa mirada, sostuvo, también ayuda a comprender la importancia de la biodiversidad. «La conservación de la biodiversidad tiene valores en sí misma», afirmó, al remarcar que las plantas siguen siendo la base de los sistemas que sostienen la producción de alimentos y la vida en el planeta.
Al final de la charla la invitación fue simple: mirar con otros ojos aquello que comemos todos los días y reconocer que detrás de cada fruto, semilla o raíz existe una compleja trama de naturaleza, cultura e historia.
