A los 27 años, Julieta Montes construyó un recorrido laboral sólido en uno de los supermercados mayoristas ubicados sobre avenida Paraguay, en la zona sur de la ciudad. Ingresó con apenas 19, sin experiencia previa, y fue creciendo dentro de la empresa hasta asumir hoy un rol de responsabilidad en el área de control.
En paralelo, sostiene su formación académica: está a pocas materias de recibirse de psicopedagoga, aunque este año decidió pausar el cursado presencial para enfocarse en las nuevas exigencias de su puesto. Trabajadora, constante, apasionada por la atención al público y con vocación por aprender, Julieta representa a una generación que apuesta al esfuerzo cotidiano sin perder de vista sus metas a largo plazo.
¿Hace cuánto trabajás en el súper?
En octubre cumplo ocho años. Siete años y medio ya.
Entraste muy joven…
Sí, tenía 19 años cuando entré, en 2018.
¿Cómo fueron tus comienzos?
Mi experiencia laboral era nula en relación de dependencia. Traje el currículum sin pensar que me iban a llamar o que se me iba a dar la oportunidad porque yo era chiquita, no tenía experiencia, nada. Y bueno, me llamaron, me hice los estudios médicos y arranqué a las dos semanas. Arranqué un 11 de octubre, me acuerdo, y el 12 abrimos el súper. Estaba llenísimo, yo sin experiencia, rodeada de mucha gente que venía de otras sucursales. Yo, cero.
Empecé en el ingreso, haciendo la tarjeta para los clientes, pero en realidad me habían tomado como cajera. A las dos semanas ya estaba en caja.
¿Qué más recordás de esos primeros días?
Mucho movimiento, mucha gente, y yo tratando de aprender todo rápido. Era todo nuevo. Pero también con muchas ganas de aprender.
¿Y qué tareas realizás hoy?
Hoy estoy encargada del control de puerta, o control final también le dicen acá, donde se controla la mercadería facturada de distintos canales de venta. La auditamos para corroborar que la facturación esté bien y le damos salida.
Es un rol clave…
Sí, totalmente. Nosotros damos como el punto final. Por eso es importante hacerlo bien, porque el margen de error es prácticamente cero.

¿Cómo fue el camino hasta llegar a ese lugar?
Arranqué como cajera. Después estuve en expedición, donde se arman los pedidos para comisionistas, y llegué a ser encargada ahí. De ahí pasé al salón de ventas, que es todo el armado de góndolas y la dinámica del salón. Y después pasé a control, que es donde estoy ahora.
¿Hubo algún momento particularmente desafiante en ese recorrido?
Lo que tiene la empresa es que te da muchas oportunidades. Yo arranqué como cajera, pero no es que solo sos cajera, sino que te da la posibilidad de hacer un montón de cosas, ir a otros sectores, aprender. Por ahí siento que los desafíos se los pone uno mismo.
Pero si tengo que decir uno fue cuando pasé al salón de ventas. Era lo que menos sabía hacer de todo lo que había aprendido. Me generaba mucho miedo e incertidumbre, porque no sabía si iba a poder.
Pero lo pude afrontar de la mejor manera. Mis compañeros me ayudaron un montón, nunca me sentí sola. Siempre me enseñaron, me corrigieron. Entonces el proceso lo pasé bien.
Después me pasaron a control, que es donde estoy ahora, y opté por eso también porque tiene más trato con el cliente, que es lo que más me gusta.
¿La atención al cliente es lo que más te gusta?
Sí, la atención al público. Me encanta. Sé que no es para todo el mundo y que hay días complicados, porque tenés que estar disponible emocionalmente todo el tiempo. Pero a mí me gusta estar con la gente, poder ayudar al otro con lo que uno tenga a mano.
¿Cómo es un día habitual de trabajo?
Depende del turno, pero por ejemplo a la mañana vienen muchos comerciantes, que es un cliente distinto al consumidor final. Ya tienen su rutina, son clientes recurrentes, vienen todos los días según las ofertas.
Nosotros estamos con la atención al público, el control constante de la mercadería, dando salida. También hay otros canales de venta, como comisionistas, donde se maneja otro volumen. Pero es eso: control todo el tiempo.
En el caso de los jefes, las jornadas son rotativas. Podés estar en la apertura, que arrancás muy temprano, o en el cierre, que te vas a la noche. Eso te permite conocer todo. Trabajamos seis por uno, con rotación de horarios.
«Yo antes decía: «me gustaría ser la jefa que me hubiese gustado tener». Y hoy, estando de este lado, digo: no, no es eso. Es ser la jefa que mi equipo necesita».
¿Tenés un equipo a cargo?
Sí. Mi equipo directo es chico, son cuatro personas, conmigo cinco. Es un sector reducido. Pero también trabajamos en conjunto con otros sectores. Por ejemplo, cuando no está el encargado de cajas, yo tengo que ver por ese equipo, que son muchos más. Y cuando yo no estoy, él ve por el mío. Nos complementamos.
¿Es un desafío liderar personas?
Sí, totalmente. Manejar gente es desafiante. Y la atención al público también tiene sus vaivenes. Pero si te gusta es lindo, la verdad.
¿Qué valores creés que son fundamentales para crecer laboralmente?
La escucha activa y la empatía. Para liderar un equipo eso es clave. Yo antes decía: «me gustaría ser la jefa que me hubiese gustado tener». Y hoy, estando de este lado, digo: no, no es eso. Es ser la jefa que mi equipo necesita. Adaptarse a eso.
Hoy el mundo laboral cambió, y me parece importante entender eso.
¿En qué sentido sentís que cambió?
Se prioriza mucho más lo mental, la persona. Antes quizás no se veía tanto. Hoy sí. Y eso es importante porque trabajamos con personas, no con elementos. Cuidar el recurso humano es fundamental.
¿Cómo vivís el hecho de ser mujer en un cargo de responsabilidad?
Cuando yo entré había pocas jefas, pero siempre vi mujeres. Hoy veo que hay un buen balance. Se escuchan las opiniones, se dan oportunidades.
En mi caso, nunca me sentí de lado. Quizás en otros ámbitos todavía predomina más el hombre, pero acá veo que se busca ese equilibrio.
¿Qué aprendizajes te dejó el trabajo, más allá de lo laboral?
Me enseñó a adaptarme rápido a los cambios. A decir: «bueno, esto es así, voy por esto».
También a escuchar, a mirar el conjunto. Yo tengo mi sector, pero no puedo mirar solo eso. Tengo que ver todo, estar disponible para otros compañeros también. Eso me quedó mucho para la vida personal.
Cuando tenías 19, tuviste que elegir entre trabajar y estudiar…
Al principio no podía. Iba a la universidad, pero los horarios eran muy cruzados. Supe que no iba a poder sostenerlo porque necesitaba trabajar para mantenerme.
Después, cuando me estabilicé en el trabajo, me di la oportunidad de retomar. Hoy estoy terminando la carrera de psicopedagogía, me quedan seis materias.
Seamos sinceros, cuesta mucho, más cuando uno trabaja, sobre todo muchas horas, pero cada uno tiene su tiempo. No hay que compararse ni apurarse.
¿Qué le dirías a alguien que busca su primer trabajo?
Que confíe y que se anime. Yo también tenía miedo, era muy chica y trabajaba con gente de 40 años con experiencia y que sabía mucho más. Pero nadie empieza sabiendo. Y la posibilidad de aprender está. Hay que animarse.
¿Notás cambios en el consumo en el último tiempo?
Sí, la gente compra menos. Ha dejado de comprar primeras marcas, lleva menos cantidad.
Nosotros, como empresa, también tuvimos que adaptarnos. Antes había promociones por volumen y hoy muchas veces se sacan esos requisitos para que sea más accesible.
La gente hoy compra lo justo y necesario.
¿Y dentro del rubro, qué cambios ves en la forma de trabajar?
Se nota mucho la adaptación a lo digital. Hoy no es lo mismo una publicidad tradicional que un video para redes sociales.
También hay nuevas propuestas, como productos importados o «sabores del mundo». Son formas de adaptarse a lo que hoy busca el cliente.
¿Qué significa para vos el Día del Trabajador?
Me parece muy importante, porque sabemos que hubo mucha lucha para llegar a lo que hoy tenemos.
Y en el caso de las mujeres, también. Antes no trabajábamos y hoy tenemos la posibilidad de elegir dónde trabajar, en qué horario. Eso es muy valioso.
¿Qué metas te quedan por cumplir en lo laboral?
Me gustaría seguir creciendo dentro de la empresa. Hay sucursales en otras provincias y me encantaría tener la oportunidad de ir, conocer otro equipo, otro tipo de clientes. Incluso proyectarme como gerente de tienda. Siempre hay más para aprender.
En el contexto actual del país, ¿qué significa para vos tener trabajo hoy?
La realidad es que el país está en una situación muy complicada, muy complicada para muchos sectores. Está golpeando a todo el mundo. Inclusive para la gente que tiene trabajo se está volviendo muy difícil.
Yo la verdad que valoro un montón. Primero, la oportunidad que me dio la empresa de entrar sin experiencia, que yo ya tenía muchos miedos con eso. Y después la oportunidad de crecimiento, de que me hagan parte del equipo de jefatura. Que me hayan seleccionado para eso también me llena mucho.
¿Qué lugar ocupa el trabajo hoy en tu vida?
Ocupa un lugar muy importante. Partamos de la base de que un tercio de la vida lo pasamos acá, con gente de acá. Es mucho.
Yo trabajo y estudio, entonces mucho tiempo para otras cosas no tengo. Pero también lo posiciono en ese lugar porque lo disfruto. Me gusta la atención al público, me gusta estar, lo vivo en el día a día. Entonces yo misma le doy un lugar importante.
Hoy aparecen nuevas formas de trabajo, más flexibles o digitales. ¿Cómo ves esos cambios?
Siento que la pandemia trajo mucho eso. Primero fue por obligación, tener que quedarnos en casa, y después aprendimos que desde ahí también se podía trabajar. Muchos sectores se reinventaron.
Yo lo veo mucho, incluso con gente de mi edad que tiene otro tipo de trabajos y vive el mundo laboral de otra manera. Es distinto.
¿Y en tu caso?
Yo destaco que la estructura forma parte de mí, de cómo soy. Por eso disfruto de esta forma más estructurada, con presencialidad. También por la atención al público, que es lo que más me gusta.
Siento que hay muchas cosas que hoy la inteligencia artificial puede hacer, pero hay otras que no. Y para mí esas son las que tienen que ver con el contacto directo con el cliente, con las habilidades blandas, con estar disponible emocionalmente frente a lo que implica atender a otra persona.
