jueves, octubre 6
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un voto crucial que juzgará también al gobierno


Una profunda grieta divide a los chilenos que este domingo deberán elegir, en un plebiscito obligatorio, si aprueban o rechazan la Constitución escrita a lo largo de un año de trabajo por una particular Asamblea, resultado de un amplio acuerdo tras la revuelta popular de fines de 2019.

El tono belicoso que adquirió en las últimas semanas la campaña electoral, con fuertes ataques verbales y algunas escenas de violencia física, muestran que no será empresa sencilla para el gobierno de Gabriel Boric acercar posiciones y buscar consensos entre los defensores y los detractores de este texto que busca reemplazar a la Constitución vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet.

La propuesta que redactó una Convención Constituyente elegida por el pueblo y formada en su mayor parte por sectores sociales hasta entonces marginados de la política y alejados de los partidos tradicionales, no convence a gran parte de la población.

El cierre de campaña del "apruebo", el jueves en Santiago. Foto: REUTERS

El cierre de campaña del «apruebo», el jueves en Santiago. Foto: REUTERS

Las últimas encuestas -en Chile no pueden publicarse desde dos semanas antes de la elección, pero varias circularon en los últimos días en medios extranjeros- muestran una amplia ventaja de la opción “Rechazo”.

Desafío a Gabriel Boric

Un desafío al gobierno de centroizquierda de Boric, que apostó fuerte por esta Constitución, pues va en línea de las reformas que él propone y que apuntan básicamente a sacudirse el legado neoliberal que dejó la Carta Magna de 1980, con la educación, la salud y el sistema de jubilaciones atados a las leyes del mercado, sin que el Estado pueda regular la actividad privada.

Las reformas parciales implementadas por los gobiernos de la democracia no llegaron a borrar esa esencia.

La Constitución que será sometida a las urnas apunta a revertir esta situación, como reclamó la multitud que salió a las calles entre octubre y diciembre de 2019, en un movimiento que aquí se recuerda como “el estallido”. Y a otros cambios que en principio buscaban democratizar el sistema político.

El acto de los partidarios del "Rechazo", el jueves en en parque de Santiago de Chile. Foto: AFP

El acto de los partidarios del «Rechazo», el jueves en en parque de Santiago de Chile. Foto: AFP

Pero el resultado desilusionó a gran parte de la población.

País dividido

“Es un país quebrado, dividido profundamente”, dice a Clarín el analista Roberto Izikson, de la consultora Cadem.

“Hay un consenso mayoritario de que Chile quiere una nueva Constitución, pero no es esta la que se esperaba”, señala.

Las razones son varias. En principio, el propio proceso constituyente quedó desacreditado por una serie de escándalos. El debate se vio en vivo y en directo por TV. “Pero lo que muchas veces amplificaron los medios fueron los momentos de peleas, de fuertes discusiones y algunos escándalos”, explicó a esta enviada la politóloga Claudia Heiss, profesora de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile.

Pero son algunos contenidos los que hacen ruido para muchos chilenos. La declaración del país como plurinacional, con un fuerte peso de los pueblos originarios, genera temor y malestar a muchos. “Se cree que están sobrerrepresentados los derechos de los indígenas, que privilegia a estas minorías por sobre el resto de la población”, explica Izikson.

También la eliminación del Senado, que plantea el texto, es un golpe a una institución histórica en el país.

El derecho al aborto, mencionado en la propuesta, también molesta a sectores más conservadores. Y el planteo del derecho a la vivienda generó temores sobre la propiedad privada. “Se creó un discurso de que es una Constitución socialista, expropiatoria, aunque esto no es real”, señala Heiss.

Lo cierto es que, entre una fuerte campaña de descrédito y desinformación, esta nueva Carta Magna parece abrir otra brecha en la sociedad.

El ambiente de desconfianza, empañado además por una crisis económica que aquí preocupa por niveles de inflación que no se veían desde hace décadas, desempleo y un crecimiento que se frena, no ayudan a curar las heridas del estallido de 2019.

Santiago, enviada especial



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