martes, mayo 24
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Tucumana tenía dolor de cabeza y le diagnosticaron estrés, pero era algo mucho peor


La joven tucumana Yanina Quinteros vivió una dramática situación que cambió su vida para siempre: “Una mañana que me preparaba para ir a trabajar, me rescataron inconsciente de mi departamento”.

Cuando tenía 23 años, la oriunda de Famaillá se recibío de Farmacéutica en la Universidad Nacional de Tucumán y había quedado contratada como auditora en el Subsidio de Salud, donde realizaba sus prácticas estudiantiles. Allí pasó tres años realización personal. Sin embargo, había una sola cosa que no le permitía disfrutar: un intenso dolor de cabeza.

“28 días al mes vivía con dolor de cabeza. Fui a distintos médicos y me dijeron que era estrés, me hice estudios y todos salían bien. Una mañana, me desmayé tipo 6:15 y me llevaron a la guardia de la clínica Mayo. Ahí me diagnosticaron un ACV (Accidente Cerebrovascular) hemorrágico y me operaron… Lo que pasó es que yo tenía un aneurisma debido a una mal formación en la arteria que une el cerebelo y el cerebro. Mi cerebro estaba lleno de sangre cuando me operaron. Ahí en el sanatorio estuve 50 días”, contó la joven a el diario eltucumano.com.

Tras esos días, Yanina fue trasladada con una historia clínica que indicaba que se encontraba en estado de vigilia al instituto Fleni, en Escobar (Buenos Aires). Tras 70 días dormida, un día la tucumana despertó, y lo hizo sonríendo en silencio: “Salí del coma riéndome de una palabra que mi mamá dijo enojada porque no venía el camillero a sacarme de la habitación para ir a terapia”.

Desde el momento en el que ingresó al instituto privado y durante nueve meses, la joven que tenía 26 años comenzó a recibir rehabilitaciones y tratamientos para convertir lo que era una sonrisa silenciosa, en un ser humano funcional: “Me ayudaron muchísimos profesionales como ser terapistas ocupacionales, psicólogas, fonoaudiólogas y kinesiólogos del instituto. A todos los recomendaría porque a mí me ayudaron con lo que sabían en cada etapa que los necesite”, explica.

Y es que cuando despertó de ese coma, Yanina tuvo que aprender de cero todo, hasta respirar: “Tuve que aprender a respirar porque tenía la traqueo, y mi nariz no respiraba, tenía la sonda naso-gástrica en una fosa nasal y respiraba con el tórax antes del ACV, así que me costó muchísimo aprender a respirar con el abdomen”, recuerda la joven que ahora tiene 29 años, pero que vivió un tiempo como una recién nacida que acaba de salir al mundo y que debe aprender a respirar y tragar.

“Aprendí a tragar de nuevo ya sea comida o bebida, y a manejar mis manos y pies… Las manos para usar cubiertos y escribir, es decir mi motricidad fina, los pies para caminar cada vez juntándolos más porque empecé caminando con andador y pateándolo porque separaba mucho los pies para tener más base de sustentación… es como cuando armás una pirámide de cartas, abajo la tenés que hacer ancha para que sea alta y no al revés… lo mismo pasa con nuestro cuerpo, tiende a ensancharse desde los pies para mantenerse”, nos explica.

“La experiencia que tengo es nunca debemos perder la fe, o el objetivo de vista porque en el camino hay mucha gente que te quiere tirar abajo, y si uno tiene en claro lo que quiere, sabe que esos comentarios no nos deben afectar. La última palabra la tiene Dios y nuestras convicciones de que podemos con todo hasta que demos el último respiro”, reflexionó.

“Del Milagro” es el segundo nombre de Yanina y su recuperación es un verdadero milagro. Mientras la familia, amigos y comunidad de Famaillá en general se mantenía en vilo por la vida de la joven que pendía de un hilo varios meses, el milagro se iba gestando dentro suyo y gracias a los expertos médicos y a sus inmensas ganas de salir adelante, sumado a las buenas decisiones familiares, ayudaron a que hoy pueda contar su propia historia.

“Mi recuperación va genial, para mi es lenta porque quiero las cosas para ayer, pero va rapidísimo gracias a Dios porque si bien necesito asistencia para muchas cosas, mi esencia sigue y mientras no tenga que caminar sola me valgo por mí misma. Nuevamente estoy para lo que necesiten si conocen a alguien en esta situación, porque este proceso es largo, tedioso y feo, pero debemos enfocarnos a vivir el día a día porque eso ya es un triunfo, y contar con el cuidado de alguien que realmente nos quiera y busque lo mejor para nosotros… Muchas gracias por el espacio y ojalá sirva mi testimonio para impulsarlos a seguir adelante. Dios y la Virgen los bendiga y proteja”, cerró Yanina del Milagro Quinteros, que con solo 29 años, aconseja no dejarse vencer nunca.

La joven entró al instituto Fleni en coma y salió caminando a los nueve meses. Este centro, el mismo en el cual se mantuvo con vida a Gustavo Cerati por años, asegura en su página que es el instituto de rehabilitación más moderno de Argentina, y que lleva más de 10.000 pacientes recuperados después de este tipo de situaciones.

Actualmente Yanina con sus terapias, esperando poder recuperar su voz por completo pronto. Inclusive, está aprendiendo a usar mejor su motricidad fina con tejidos, ya que antes de su ACV tejía pulpitos para donar. «Siempre sentí la necesidad de ayudar a los demás desde el lugar que esté, espero mi testimonio sirva».





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