domingo, febrero 5
Shadow

toma mate y decisiones incómodas, pero no para de ganar


El vicepresidente de Boca encabeza una gestión dominada por los conflictos internos y por los títulos. Desde su llegada, el Xeneize no para de dar vueltas.

Mate en mano, sonrisa y festejo con puño apretado. Como un imán al que todos miran para ver su siguiente movimiento, Juan Román Riquelme vivió un final para el infarto con la misma calma que parece tener. Enfocado, ni efusivo en otra vuelta olímpica como tampoco caótico en la derrota. En el palco de siempre, rodeado de sus afectos, compañeros del día a día y con su hermano Christian bien cerca para abrazar. Con las velas prendidas en la casa de María, su mamá, siempre aportando desde su lado. No festeja alocado Riquelme, quien parece tener enfocada su mirada siempre en el siguiente paso. No fue descontrolado ni siquiera cuando en el último minuto le arrebató el título a River en su primera vuelta olímpica bajo su gestión, allá por marzo de 2020 en otra definición cardíaca. Ahora ya no está con la camiseta 10 en la espalda para resolver en el campo de juego, pero se mueve como vicepresidente del club y a cargo de todo el fútbol profesional. Y no para da dar vueltas olímpicas por donde pisa: Inferiores, Reserva, Fútbol Femenino y Masculino. Román igual toma mates, sonríe y apenas si se distiende puertas adentro del Boca Predio de Ezeiza, esa suerte de búnker donde se forjan algo más que planteles de fútbol: entiende el de Don Torcuato que rodeado de campeones se volvió al ADN del club, de la lucha, el sacrificio, de identidad. Y algo que repite cada vez que puede, con dardos políticos direccionados: “Estamos convencidos de lo que hacemos, porque queremos volver a ser un club de fútbol”.

Ya son 5 los títulos de Boca bajo la gestión de Jorge Ameal y Riquelme con su Consejo de Fútbol, ese que tiene a Jorge Bermúdez, Marcelo Delgado, Raúl Cascini y Mauricio Serna. Pero que se nutre mucho más de lo que pasa alrededor con otros actores del día a día del club. Incluso Román suele destacar que para los más jóvenes es una inspiración ver a tantos futbolistas laureados en los pasillos de un predio que toman como a una escuela para formar futuro que se hace presente con la enorme cantidad de jugadores de Inferiores que van formando parte del plantel principal. Ya no solo se trata del número (22 han debutado por decisión y 30 han tocado la Primera con urgencias) sino de la participación directa que tuvieron en el equipo: Alan Varela, asentado en el mediocampo, Luca Langoni, quizá una de las figuras, Cristian Medina, Luis Vázquez, Gonzalo Morales, Sández, Aranda… Este fue el campeón del Boca Predio, por eso tiene un sabor especial para Riquelme y compañía.

Riquelme, en su palco de la Bombonera. 
Foto: AFP


Riquelme, en su palco de la Bombonera.
Foto: AFP

En plan de comparaciones con otros mandatos del club, sus primeros tres años en la gestión ya superaron en títulos ganados por Daniel Angelici (en sus primeros 4 años había conseguido tres vueltas olímpicas y ganó 6 títulos en sus 8 años en la institución, hasta diciembre de 2019) y a Mauricio Macri, quien también se había quedado con dos vueltas olímpicas en su primer mandato, antes de lo que se construyó en su segundo mandato a nivel internacional. Ahora a Boca aún le restan por definir la Copa Argentina de este año (está en semifinales y se medirá ante Patronato), el Trofeo de Campeones (ante Tigre o Racing) y se aseguró al menos una Supercopa Argentina para 2023 (en Abu Dabi) más allá de las que se adeudan de 2020 y 2021. Llueven estrellas para una conducción de club que también está marcada por algunos conflictos internos que se agitaron mucho más por las formas que por el fondo de la cuestión.

Riquelme tomó decisiones, muchas de esas complejas. Para traer y sacar a Miguel Russo como DT, quien logró dos títulos, para sostener y luego prescindir de Sebastián Battaglia, quien también le aportó dos vueltas olímpicas, y en una jugada límite se animó a volver a proponer al DT de la Reserva para la conducción del club. Fue el momento más complejo, incluso planificando una transición con el boleto a la Libertadores 2023 asegurada. Pero Hugo Ibarra, bien rodeado por Pompei y Gracián lo sacó adelante. También movió fichas el vicepresidente cortando el ciclo del capitán Carlos Izquierdoz antes de tiempo luego de una pelea por la pelea de premios en la antesala de octavos de Libertadores. Crujió todo el club en ese momento. Pero las espaldas de Riquelme, otra vez, soportaron. Siempre confió no solo en el tiempo que todavía le quedaba al torneo sino en las calidades de su plantel (incluso cuando debió sancionar a Zambrano y a Benedetto en medio de la competencia porque se tomaron a golpes en Avellaneda). Por eso su rol en los micrófonos en este semestre fue mucho más para sostener en el discurso a los futbolistas que para disparar en cualquier otra dirección. Si hasta elogió a Marcelo Gallardo justo antes del desenlace del torneo, cuando Boca necesitaba de una mano de River en Avellaneda ante Racing…

La contienda electoral de cara a 2023 que ya comenzó tendrá agites de todos lados. Lo sabe Juan Román Riquelme, quien no se mueve un centímetro de su idea inicial ni de su planificación. Come asados en el predio, como muchos cuentan. Habla puertas adentro, sostiene y construye ADN Boca. Toma mate. Y sale campeón, casi siempre. Ahora sin la 10. Gana igual.



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