lunes, febrero 6
Shadow

los poderes sobrenaturales de un argentino suelto en Qatar


El inglés es la única manera de comunicarse con los qataríes. Sin embargo, en el grupo tenemos uno que hace magia con su castellano.

Otro día nublado en Doha. Y van… Dos. Eso sí, por ahora el Sol ni se asomó. Y eso es raro. Se trata de un nuevo hito meteorológico en nuestra ya larga estadía en Medio Oriente. Pero les prometo que no vamos a hablar del clima en este diario de viaje. Tampoco de la comida ni de los perros ni de los gatos ni de los camellos ni de las nubes y tampoco de la impensada y sorpresiva lluvia. De lo que vamos a hablar (o escribir) es, justamente, sobre cómo hablamos. Cómo nos comunicamos con los demás en un país tan lejano a nuestros usos, costumbres e idioma.

Vale un asterisco: es cierto que está lleno de argentinos e hispanoparlantes que llegaron para ver al Mundial y eso hace que no todo sea tan difícil. Y que nuestra verdadera Hayya Card sea la acreditación FIFA que llevamos colgada y que les permite a todos nuestros interlocutores darse cuenta de que somos argentinos. Entonces, acto seguido, como un reflejo llega: «¿Argentina? ¡Messi!». Y el puño en alto o el pulgar arriba acompañado por una sonrisa amplia.

Sin embargo, ese plus que nos da ser compatriotas del mejor futbolista del mundo no nos sirve de mucho cuando uno anda por la calle y no queda otra que hablar en inglés. Les recuerdo: acá apenas el 15% son qataríes nativos, cuya lengua es el árabe. El resto son migrantes de India, Paquistán, Indonesia, Kenia, Etiopía y más. Y el denominador común es el inglés. No hay manera de hacerse entender de otro modo. ¿No hay?

En nuestro grupo, tenemos a un par que se las ingenian bastante bien para hablar la lengua de Shakespeare y que ofician de intérpretes. Los momentos clave a la hora de comunicarse son dos: el primero es cuando hay que pedir comidas y el segundo es en la calle, cuando el GPS no está enterado de las vallas que ponen los policías y que convierten un simple viaje en odisea.

Lo bueno, dentro de todo, es que para todos o para una gran mayoría el inglés no es nuestra lengua madre. Por lo tanto, hablando de idiomas, no hay nada mejor para un analfabeto parcial que otro analfabeto parcial. Todo se hace más sencillo. De algún modo u otro, antes que después, los mensajes llegan a destino.

Qatar se convirtió en el epicentro de la culturas de todo el mundo, pero el idioma que hay que hablar es el inglés. Foto: EFE/EPA/MARTIN DIVISEK


Qatar se convirtió en el epicentro de la culturas de todo el mundo, pero el idioma que hay que hablar es el inglés. Foto: EFE/EPA/MARTIN DIVISEK

En principio, para surfear los primeros días, dos consejos: en los restaurantes alcanza con señalar el plato elegido en el menú y siempre acompañarlo por un precautorio «not spicy»​, que significa, para aquellos que no saben, «no picante». Y en las calles no hay que hacerse demasiado problemas. Los agentes de tránsito, que no se caracterizan por su amabilidad, siempre responden «go straight and then turn right» (siga derecho y después doble a la derecha). No importa cuándo ni dónde te lo digan. Siempre te dicen lo mismo. La moraleja es que ni ellos saben por dónde se puede pasar para llegar al destino.

Sin embargo, a pesar de que ya vamos por la mitad de este envío, este no es el eje de la historia. La idea es contar la increíble capacidad que tiene un miembro de nuestro grupo para hacerse entender casi sin hablar una palabra de inglés. Resulta asombroso porque el tipo habla en porteño básico y siempre consigue lo que quiere. Por estos días ya pensamos que tiene poderes sobrenaturales. Van un par de ejemplos.

Situación 1: rumbo a la cancha, antes de entrar al Metro, un local va por la calle con el celular en horizontal. Claramente estaba viendo el partido por octavos de final entre Japón y Croacia.

-¿Cómo va? -le dice como si estuviera en Barracas.

-Penalties -le responde sin dudar.

Pará, pará, pará… Los otros tres que acompañábamos nos miramos sorprendidos. ¿Cómo hizo? El tipo preguntó de arrebato en castellano y el otro, sin vacilar, le respondió. Pudo haber sido casualidad. O capaz había tenido español en el colegio y no lo sabíamos.

Llamativo.

Situación 2: en la zona mixta de un estadio, a la espera de la salida de los jugadores de algún seleccionado que no era de Argentina ni de otro país hispanoparlante.

-¿Y… Ya salieron todos, maestro? -le pregunta con cierta impaciencia a un voluntario asiático.

We must wait a little more time -le responde pidiendo paciencia.

Pará, pará, pará -otra vez-. ¿Cómo hizo? En este caso, me acerqué al rato, y le pregunté al voluntario en mi inglés básico si entendía español y me dijo que no.

Extraño.

Pensamos, en un momento que podría tener un poder oculto. Se insiste: algo sobrenatural. Pero al final concluimos que acá, y en cualquier lado del mundo, sólo no se hace entender el que no quiere.

Doha, Qatar. Enviado especial.

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