domingo, septiembre 25
Shadow

la tecnología como posibilidad de inclusión para mujeres con discapacidad


«Ayer quedé atrapada en la estación de Acoyte porque no andaba el ascensor. Fui hasta Primera Junta y no podía salir. Terminé saliendo por Puan y luego 20 cuadras a pie para llegar al destino. Tarde 2hs en lugar de 30 min. Lo que se dice un día normal en la vida de una lisiada«.

El tweet firmado por «Valeria Hot Wheels» ilustra muy bien las múltiples barreras con las que se enfrenta cotidianamente Valeria Rocha Bartaburu, una estudiante de ingeniería informática en la UBA que trabaja en Despegar desde 2018 y es voluntaria en la fundación Itgrarte.

Valeria tiene una atrofia muscular espinal, por lo que se traslada en silla de ruedas. Pero el transporte público no es el único obstáculo con el que se encontró a lo largo de sus 33 años. Cuando entró a la facultad para estudiar informática,  descubrió que el único baño adaptado estaba adentro del baño de varones.

«Somos muy poquitas mujeres en la carrera: los primeros años éramos sólo dos», cuenta Valeria. «Y no había ninguna otra mujer con discapacidad en el resto de la facultad».

El ingreso al mundo del trabajo también implicó complicaciones. Valeria envió su CV a una empresa que tenía un programa para emplear personas con discapacidad.

«Me contactaron, querían tener una entrevista. Mi intención era trabajar 6 horas, porque entre la facultad, el trabajo y los traslados, se me complicaba hacerlo full time. Me dijeron que no tenían ese tipo de posiciones y me chocó. Tenía un programa específico, pero no estaban adaptados a lo que quizás necesita un empleado con discapacidad», observa.

Finalmente, aplicó al programa Jóvenes de Alto Vuelo, de Despegar. «No puse nada referente a la discapacidad en el CV. Avisé en las entrevistas que tenía una discapacidad motriz, más que nada para saber si la oficina estaba adaptada. Y me dijeron que no había problema», relata Valeria.

«Todas las entrevistas fueron normales. Recién en la última, previa al ingreso, me preguntaron si necesitaba alguna adaptación para el puesto laboral. Pero al ser una empresa grande, todo ya estaba adaptado. Era el paraíso», dice.

Tres de cada cuatro personas con discapacidad están desempleadas. Foto: Shutterstock

Tres de cada cuatro personas con discapacidad están desempleadas. Foto: Shutterstock

«Muchas veces se piensa a la discapacidad como en cajitas: discapacidad motriz en esta caja, discapacidad visual, en esta otra. Y es mejor acercarse al empleado y preguntarle qué necesita«, reflexiona.

Lo cierto es que, aunque la tecnología es una puerta de acceso al trabajo y puede ser un facilitador para las personas con discapacidad, «faltan capacitaciones con perspectiva de accesibilidad«, señala Valeria. Por eso, en 2020, empezó a trabajar con itegrarte, fundación que ofrece capacitaciones en tecnología con esa perspectiva. «Doy clases de introducción a la programación con Python», cuenta.

Cifras

Tres de cada cuatro personas con discapacidad se encuentran desempleadas, según los datos de Incluyeme.com, una empresa B «por la inclusión sociolaboral de las personas con discapacidad». En América latina, esto implica 85 millones sin empleo.

En la Argentina, alrededor del 10% de la población (más de 3,5 millones de personas mayores de 6 años, según datos del INDEC de 2018) tienen alguna discapacidad. En el mundo, hay más de mil millones: el 15% de la población global, según la OMS.

«Las personas con discapacidad encuentran más barreras para el acceso al empleo y la educación, por lo que están subrepresentadas en el mundo laboral», señala Clara Popeo, project manager regional de Incluyeme.com

Hoy, la base de datos de Incluyeme.com tiene 220.000 personas registradas. Además, trabajan con unas 500 empresas en toda la región. «Las capacitamos en el desarrollo de una cultura inclusiva y las ayudamos a conectarse con las personas con discapacidad que están buscando empleo», cuenta su fundador, Gabriel Marcolongo.

Para poder incluir a personas con discapacidad, lo que hace falta es «conocimiento, conocimiento, conocimiento», enfatiza Marcolongo. Muchas empresas arrancan diciendo «quiero empezar a hacer». Primero «hay que entender por qué lo haces, dónde estás y a dónde querés llegar. Tener un diagnóstico», asegura.

Faltan capacitaciones con perspectiva de accesibilidad para las personas con discapacidad. Foto: Bloomberg.

Faltan capacitaciones con perspectiva de accesibilidad para las personas con discapacidad. Foto: Bloomberg.

En el caso de las llamadas carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, por las iniciales en inglés), las mujeres en general ya se encuentran subrepresentadas. «Esta problemática es doblemente influyente cuando hablamos de mujeres con discapacidad. Ellas enfrentan más barreras para acceder al empleo que los varones con discapacidad«, aseguran desde Incluyeme.

Como parte de una iniciativa de Google, Incluyeme se postuó para formar a 600 mujeres en áreas STEM y conectarlas con empresas o que se desarrollen como Freelance a través de la plataforma Workana. «Se trata de generar empleabilidad dotándolas de las habilidades que este mercado está buscando para tratar de potenciar el empleo», describe Marcolongo.

Para eso, están trabajando en un diagnóstico que les permita avanzar sobre la capacitación de mujeres. «Queremos saber cuál es la situación de las mujeres con discapacidad, cuáles son las barreras adicionales y qué necesitarían para inscribirse», señala Popeo.

La empresa ya venía trabajando en capacitaciones. Durante el año pasado formaron a 1.600 estudiantes en áreas tecnológicas. Junto con la UTN, brindaron cursos de community manager, desarrollador Full Stack, diseño gráfico digital, asistente virtual, software testing, soporte a usuarios y teletrabajo.

«Diversos estudios reflejan que una empresa con una cultura inclusiva y diversa tiene 2 veces más posibilidades de estar por encima de los objetivos financieros, 6 veces más probabilidades de ser innovadora y ágil y 8 veces más probabilidades de conseguir mejores resultados», señala Marta Zaragoza, vicepresidenta ejecutiva de BTS, una consultora enfocada en transformación organizacional.

Mejorar la accesibilidad es una cuenta pendiente para favorecer la inclusión. La empresa argentina Nahual IT, por ejemplo, brinda a organizaciones públicas y privadas el servicio de Pruebas de Accesibilidad. «Esto permite garantizar que aplicaciones móviles y contenidos web sean accesibles para todas las personas, sin importar su condición física, sociocultural, etc», señalan desde la empresa.

No sólo realizan estas pruebas, sino que involucran en los procesos de testing a personas con discapacidad (el 10% de sus empleados) «como experiencia invaluable del proceso de desarrollo». En 2019, brindó el primer curso de Testing para personas con discapacidad visual y continúa con las capacitaciones.





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