jueves, diciembre 1
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La ruptura con Moscú de la Iglesia Ortodoxa ucraniana, un desafío al poder



El sismo de los ortodoxos ucranianos detenta un carácter histórico por las implicancias de rebeldía y desafío a un poder absolutista como el que ejerce Kirill. Pero también revela hasta qué punto se están resquebrajando las bases de sustentación de la “doctrina” militarista de Vladimir Putin y su entorno.

El hecho toma dimensión si se entiende que el ultraconservador patriarca Kirill (o Cirilo I) ostenta un cargo que refiere a la época imperial. Es el patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Moscú y de “todas las rusias”. Esto incluye a la Federación Rusa, Bielorrusia y Ucrania, lo que le concede potestad religiosa sobre más de 150 millones de fieles.

Su autoridad en el vecino país comprende a la Iglesia Ortodoxa ucraniana. En cambio. la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, cuya máxima autoridad es Epifanio, responde al Patriarcado de Constantinopla. Este sector ya había roto en 2019 con Moscú, justamente por las presiones del Kremlin sobre Ucrania, la anexión de Crimea y el respaldo a los separatistas del Donbás.

La decena de patriarcas y primados de la Iglesia ortodoxa que componen el círculo de Kirill -como un sector ucraniano- tienen autonomía, pero extremadamente subordinada a la jerarquía. Romper con ese liderazgo representa un reto muy audaz, y sólo impulsado por la presión de sacerdotes y fieles, conmocionados por las matanzas que están viviendo desde el inicio de la invasión.

El sismo desnuda, además, el malestar en las bases frente a las endeblez de la teoría doctrinaria elaborada por los ideólogos del Kremlin para justificar la invasión a un país democrático, entre los cuales figura el nacionalista homofóbico Kirill. Para él, es una guerra santa para unificar “todas las rusias”.

Esto se está viendo en la propia Rusia, donde la disidencia se atreve a cuestionar al poder, pese al círculo de represión estructurado durante décadas por el Kremlin. Las manifestaciones en contra de la guerra en Moscú fueron silenciadas en las primeras semanas del conflicto. Y numerosos intelectuales debieron abandonar el país por ese motivo. Pero el descontento continúa.

Un signo cierto de esto ocurrió este viernes, cuando dos legisladores del Partido Comunista se arriesgaron a reclamar a viva voz el fin de la invasión, enfrentando a sus líderes que enarbolan la guerra como una cruzada patriótica. Rusia sabe de rebeliones y desobediencia. Lo que no está claro es si sus referentes políticos aprendieron.



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