viernes, diciembre 2
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la relación con Estados Unidos, marcada por el pragmatismo tras la victoria de Lula


La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, saludada rápidamente por la Casa Blanca, abre una nueva etapa marcada por el pragmatismo en las relaciones con Estados Unidos, con afinidades medioambientales pero también divergencias sobre China o Rusia, estiman analistas.

Aunque las relaciones diplomáticas son de por sí inescrutables, la de Estados Unidos y Brasil es en cualquier caso «pragmática y un asunto de Estado independientemente de quién esté en el poder», afirma Valentina Sader, directora asociada del Centro Adrienne Arsht para América Latina del Atlantic Council, en Washington.

Dado el «carácter muy pragmático y conciliador» de Lula, la relación bilateral será «más predecible y estable» que con el mandatario ultraderechista Jair Bolsonaro, estima la investigadora Isabelle C. Somma de Castro, de la Universidad de Sao Paulo.

Es probable que Lula se centre en la lucha contra el cambio climático.

El presidente Joe Biden en la Casa Blanca. Foto EFE


El presidente Joe Biden en la Casa Blanca. Foto EFE

Lo que ven en Lula

«Sería una vía importante para profundizar la cooperación» con el gobierno del presidente estadounidense Joe Biden, «y un punto de liderazgo potencial para ambos países a nivel mundial», opina Sader.

«Si nos hacemos una idea de lo que podría ser su presidencia en 2023 a luz de lo que fueron sus mandatos anteriores, Brasil priorizará los lazos dentro de la región y con todo el sur global, trabajando en estrecha colaboración con Estados Unidos, Europa, China», señala Sader.

En cuanto a las organizaciones multilaterales -explica- es probable que Lula pida un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, y de forma general, busque el apoyo de Estados Unidos para aumentar su representación en las instituciones, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Desde la perspectiva de Biden, Lula es «la mejor alternativa» pese a que tanto él como la izquierda brasileña «no son grandes admiradores de Estados Unidos (como la izquierda latinoamericana en general)», opina Carlos Gustavo Poggio, profesor de ciencias políticas del Berea College, en Kentucky, Estados Unidos.

«Dicho esto -agrega- no espero que las relaciones bilaterales cambien mucho (…) a menos que haya algún tipo de ruptura institucional, en cuyo caso Estados Unidos se distanciaría de Brasil».

Con Lula puede haber «mayor afinidad en relación a temas relacionados con la agenda de Biden, como la necesidad de inversiones en infraestructura, la atención al cambio climático, la preservación ambiental y el enfrentamiento al racismo institucional», opina el brasileño Paulo Abrao, exsecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

A nivel comercial, los expertos consultados descartan cambios significativos.

También coinciden en que Lula intentará cimentar las relaciones con China, país al que Washington considera el principal desafío para su seguridad durante las próximas décadas.

En el pasado Lula centró su política exterior en relaciones estratégicas y China es el principal socio comercial de Brasil. Pero las relaciones «también serían pragmáticas», considera Sader, quien no descarta una mayor cooperación con el país asiático en foros multilaterales, como las economías emergentes de los BRICS y el G20.

A nivel personal el hecho de que Biden sea demócrata no predetermina una buena relación.

Cabe recordar, apunta Somma de Castro, que el líder del PT congeniaba mejor con el presidente republicano George W. Bush que con el demócrata Barack Obama.

Fricciones

Y la presidenta Dilma Roussef, que sucedió a Lula, sufrió pinchazos telefónicos cuando los demócratas estaban en el poder, lo que hizo que el Partido de los Trabajadores (PT) «sospechara mucho» de ellos, añade.

La migración puede ser otro punto de fricción, ya que Lula podría cambiar o interrumpir los vuelos estadounidenses que traen de vuelta a migrantes brasileños en situación irregular porque «los progresistas lo ven como una acción humillante», explica.

El frente de izquierda en la región se fortalece con la victoria de Lula, pero «esto no afectará a las relaciones a largo plazo» porque «hemos tenido olas de derecha e izquierda y no ha habido cambios sustanciales y esto es especialmente cierto en el caso de Brasil», afirma Poggio.

El presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Foto Reuters


El presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Foto Reuters

No obstante, según Sader, podría traer consigo «una posible no alineación con respecto» a las relaciones con Venezuela, Nicaragua y Cuba.

«Puede haber diferencias de estilo entre Lula y Biden en cuanto a las mejores estrategias para hacer frente a gobiernos con tendencias autocráticas en la región», abunda Abrao, quien insiste en que no se puede hablar de una sola izquierda, sino de «diferentes corrientes de gobiernos progresistas».

Para Somma de Castro Lula es más centroizquierdista y se verá obligado a centrarse «en cuestiones internas, como impulsar la economía y reconstruir los programas sociales».

Si hay algún cambio con respecto al enfoque de Brasilia en la guerra en Ucrania «sería mínimo», vaticina Sader.

Brasil, que depende de los fertilizantes rusos, «seguirá apostando por negociaciones pacíficas para encontrar una solución al conflicto por la vía diplomática», añade.

Esto choca con los intereses de Washington, que quiere que algunos países latinoamericanos alcen más la voz contra Rusia tras la invasión de Ucrania.

En una entrevista con Time Magazine este año, Lula señaló que Volodimir Zelenski «quiso la guerra» y que el presidente ucraniano es «tan responsable como (el ruso Vladimir) Putin de la guerra». Lula también criticó a Biden y a la Unión Europea por no haber hecho lo necesario para evitar el conflicto.

Agencia AFP

PB

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