lunes, febrero 6
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la pelea detrás de la elección de un alto cargo en la Iglesia


Han encontrado otra confirmación las premisas de que el Papa Francisco tiene por delante el período crítico de su segunda fase del pontificado y el horizonte señala tormenta entre conservadores y ortodoxos contra la galaxia progresista que apoya a Francisco.

Ha salido a la luz un nuevo presunto hecho divisivo tras el escándalo suscitado por las abiertas acusaciones que lanzó contra el pontífice el arzobispo Georg Gaenswein, apenas murió el Papa emérito Joseph Ratzinger, de quien fue muchos años secretario privado.

Desde hace un mes, comenzaron a aparecer en los sitios católicos en la red, sobre todo de los conservadores pero también en los de la galaxia progresista, una noticia: está por ser nombrado Guardián de la Ortodoxia católica, o sea Prefecto de la Doctrina de la Fe, el obispo de Hildesheim, el Alemán, monseñor Heiner Wilmer (61 años), a quien Francisco consagró en 2018.

El Papa no anuncia sus nombramientos en el Vaticano, ni los comenta, como corresponde a su condición de soberano absoluto por derecho divino.

Nadie entonces desmiente o afirma con certidumbre que un alto prelado como Wilmer, comprometido con la orientación progresista del Camino Sinodal de los obispos alemanes que están causando un fuerte cimbronazo en la Iglesia, es el candidato a un cargo de la mayor importancia en la Santa Sede.

Basta recordar que durante muchos años fue guardián de la ortodoxia y la disciplina el cardenal alemán Joseph Ratzinger, brazo derecho del Papa san Juan Pablo II que reinó casi 27 años y a quien Ratzinger sustituyó en el Papado como Benedicto XVI en abril de 2005 hasta su renuncia al pontificado en febrero de 2013.

Otro que ocupó el cargo fue el cardenal alemán Gerhard Muller, que en el quinquenio que duró en el cargo chocó varias veces con el Papa Francisco por interpretaciones teológicas y otros asuntos importantes. Cuando el quinquenio de su mandato concluyó el Papa no se lo renovó.

Gerhard Ludwig Muller. Foto: Reuters


Gerhard Ludwig Muller. Foto: Reuters

Además Francisco lo ha dejado colgado sin ningún nuevo nombramiento. Muller es quizás el más prestigioso teólogo y divide hoy su tiempo entre conferencias en todo el mundo y la edición de las obras teológicas de Joseph Ratzinger.

Su línea es la de la ortodoxia doctrinaria hostil a las aspiraciones reformistas de Jorge Bergoglio. Pero Muller jura y perjura que “no soy un enemigo del Papa” y no participa de las conspiraciones conservadoras aunque coincide con algunos de sus planteos.

El 1 de julio decae el mandato del sucesor del cardenal Muller, el purpurado español Luis Ladaria, quien también entró en colisión en algunos temas con el Papa argentino y se cree que no va a ser confirmado por otro quinquenio.

La tormenta crece y se difunden las polémicas en las infinitas redes de Internet. Una de ellas titula que “un alemán poco ortodoxo será el custodio de la ortodoxia”.

El purpurado español Luis Ladaria. Foto: AP


El purpurado español Luis Ladaria. Foto: AP

El pensamiento de Heimer

Pero ¿es tan fuerte la “desviación a la herejía” del obispo Heimer, que para muchos acompaña hacia un cisma a la mayoría del episcopado y el clero alemanes?

De aspecto juvenil, Heimer es considerado un talento excepcional que aseguró su viaje hacia el obispado y el convertirse en el Superior de los sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, una orden importante de la Iglesia.

Basta solo una posición que hizo pública para hacer, según los conservadores, imposible su nombramiento como Guardian de la Ortodoxia católica. En una entrevista al diario Suddeusche Zetung de Munich, dijo: “Yo me siento apasionadamente feliz de ser un religioso célibe, pero creo que el celibato puede ser aún más brillante si no fuera obligatorio para todos los clérigos”.

Heiner Wilmer, obispo de Hildesheim. Foto: infovaticana.com


Heiner Wilmer, obispo de Hildesheim. Foto: infovaticana.com

También dijo en otra entrevista que “el abuso de poder está en el ADN de la Iglesia. Según el obispo Heimer, este dato de hecho exige un cambio radical. No hay solo individuos pecadores sino también “estructuras del mal” en la Iglesia como comunidad. Para frenar el mal de la Iglesia se deben separar los poderes también dentro de ella.

“Debemos decir adiós a la pretensión de que la Iglesia sea pura e inmaculada”, precisó.

Hace dos meses monseñor Wilmer mantuvo una audiencia de horas con el Papa y el tema central del diálogo fue el Camino Sinodal alemán. El Papa ha buscado varias formas para contener los impulsos más reformistas porque sabe que algunas propuestas, que él mismo rechaza, pueden causar un terremoto interno en la Iglesia de muy graves consecuencias.

Un documento sobre moral sexual

Monseñor Wilmer habló con el pontífice del reciente voto del documento de base sobre la moral sexual, que no reunió lo dos tercios del Sínodo germano, necesarios para ser aprobado.

Entre otros argumentos explosivos, el documento plantea la admisión de las bendiciones de las personas del mismo sexo, la sexualidad “autoestimulante”, las relaciones sexuales fuera el matrimonio y la instancia de la reevaluación magisterial de la homosexualidad.

El obispo Wilmer se pronunció en favor de la aprobación del documento para abrir un debate amplio sobre los temas de moral sexual. Dijo que el voto que impidió la aprobación “es un verdadero freno a quien quiere renovar la Iglesia”.

Agregó: “No puede ser que las enseñanzas de la Iglesia hieran o discriminen a las personas”.

Hay que tener en cuenta que en el Camino Sinodal también ha sido incluída la cuestión más espinosa, que es el acceso de las mujeres al sacerdocio.

Las “murmurationes” vaticanas ampliadas por las redes sociales, coincidieron en que ha sido postergado el nombramiento, previsto para mediados de diciembre. No se produjo debido al mal estado de salud y el fallecimiento el 31 de diciembre de Benedicto XVI, Joseph Ratzinger.

La presión de (muchos) cardenales

Una “murmuration” insistente señala que el nombramiento del obispo Wilmer como Prefecto de la Doctrina de la Fe no se concretó debido a una movilización de un nutrido grupo de cardenales ante el Papa para evitarlo.

El papel decisivo lo habría desempeñado el cardenal Gerhard Muller. quien con el respaldo de un buen número de miembros del Colegio de Cardenales lograron persuadir a Franciso de evitar la designación.

La renuncia de Francisco

En los meses que vienen se replanteará el tema de la renuncia que el Papa se reserva para anunciar “en el momento justo”, en un arco que va de este año al Año Jubilar 2025.

Tres años es bastante, pero Jorge Bergoglio tiene que manejar con mucho cuidado los tiempos del mecanismo a encastre de su organizada sucesión.

Es una elaborada maniobra envolvente que pasa también por los nombramientos de más cardenales que le aseguren una mayoría absoluta de purpurados creados por él e identificados con su pontificado, destinado a sufrir cada vez más ataques de los sectores conservadores y tradicionalistas que contestan su reinado.

Vaticano, corresponsal

ap​

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