martes, mayo 24
Shadow

la historia que sacudió a Santiago del Estero


Por Federico Wiemeyer /TN

En 1989, la Argentina (el mundo en realidad) era otro. No había internet ni redes sociales ni teléfonos celulares ni televisión masiva por cable. Las cosas se contaban cara a cara y había más tiempo para pensar, acaso para elucubrar o imaginar. Y una historia de fantasmas por entonces no tenía refutadores inmediatos.

En septiembre del 89, en una de las escuelas más grandes de Santiago del Estero, en La Banda, un grupo de chicos aseguró haber visto un fantasma en uno de los baños del lugar. No un chico. Ni dos ni tres. Muchos chicos aseguraron haber visto lo mismo.

La imaginería infantil que supusieron en un primer momento los adultos pronto se tornó pánico. Pánico real. Los chicos no querían volver a la escuela.
 
El caso se viralizó del modo más humano: de casa en casa, de mesa en mesa, de boca en boca. Unos días después, la ciudad estaba paralizada. La gente no quería pasar por la vereda de la escuela.

A tal punto llegó la desesperación santiagueña que decidió intervenir un juez que quiso ir al grano: averiguar qué pasaba en ese colegio. Fue un caso inédito en el mundo. El proceso judicial incluyó una comisión investigadora de fenómenos paranormales y hasta a un cura exorcista. Y pasaron cosas.

Treinta y tres años después nadie en la provincia desconoce esta historia. Muchos incluso prefieren no volver a indagarla. /TN

La Escuela N° 55 Amadeo Jacques -un filósofo y educador francés de extenso curriculum en el país- ocupaba (ocupa aún hoy) una manzana en el corazón de La Banda, ciudad hermana de la capital de Santiago del Estero, cortada por el Río Dulce.

Esa mañana de septiembre, en el baño de varones, él se disponía a desprenderse los botones del pantalón cuando la vio. La valentía o el pavor lo inmovilizaron. Otros dos compañeros ya estaban huyendo despavoridos. Pero él, inerte y rehén de alguna combinación de incredulidad, temeridad y espanto, dejó que se acercara. No era alguien. Tampoco era algo. Era lo que los cuentos y las leyendas urbanas describen como un fantasma: una aparición fantástica, incorpórea e imaginaria en el baño de un colegio santiagueño.

Eduardo Espeche, periodista de Radio Nacional de 49 años, era un adolescente cuando a su ciudad la detuvo el pánico. Escribirá décadas después -en base a testimonios recogidos de testigos- que el espectro vestía de blanco, tenía ropa vieja y manchada de barro o de sangre, las mangas alcanzaban a cubrir sus manos, su largo pelo tapaba el rostro, las piernas no se le veían, simulaba flotar, parecía estar hecha de humo, gemía o murmuraba algo incomprensible y un objeto -un cuchillo, un hacha o un instrumento similar- atravesaba su cabeza. Cada niño que la veía le agregaba una condición nueva.

Al día siguiente, el viernes 8 de septiembre de 1989, el diario El Liberal publicó en su tapa el dibujo de un fantasma saliendo de un baño y asustando a tres niños vestidos con guardapolvo acompañado por un título alusivo: “Entre llantos, relataron la aparición de una mujer vestida de blanco”. La nota empieza con un dejo de suspicacias: “¿Imaginación infantil? ¿Ocurrencia de niños?”.

El copete dice “escolares atemorizados” y un subtítulo anuncia el informe que le proveyó la directora María Santillán de Singer a la Brigada de Investigaciones de la Unidad Regional N°2: “Alrededor de las 10:30 en horario de recreo, se observó la salida apresurada y atemorizada de un grupo de alumnos, desde el interior de los baños. Incluso los más pequeños indicaron la aparición de una mujer vestida de blanco. Inmediatamente se trasladó personal docente y no se pudo comprobar nada”.





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