jueves, octubre 6
Shadow

la historia de amor de la Guerra Fría


En agosto de 1991, Mikhail Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, regresó a Moscú con su familia tras un arresto domiciliario en Crimea luego de que un golpe antidemocrático gestionado por la KGB no había logrado deponerlo.

En lugar de unirse a cientos de miles de eufóricos moscovitas para celebrar su victoria y la de ellos, Gorbachov fue a un hospital con su esposa, Raisa, que había sufrido una embolia.

Esta escena fue clave para la historia reciente de Rusia, y también es central para “Gorbachov”, la más reciente producción de éxito del Teatro de las Naciones en Moscú, donde las funciones continuaron en octubre del año pasado pese a la pandemia, aunque con aforo limitado.

Ronald Reagan y Nancy Reagan, junto al presidente de la unión soviética Mikhail Gorbachov y su esposa Raisa Gorbachov en la Casa Blanca en 1987. Foto AP_Ron Edmonds.

Ronald Reagan y Nancy Reagan, junto al presidente de la unión soviética Mikhail Gorbachov y su esposa Raisa Gorbachov en la Casa Blanca en 1987. Foto AP_Ron Edmonds.

“No estaba casado con el país —Rusia o la Unión Soviética”, escribió en sus memorias Gorbachov.

“Estaba casado con mi esposa, y esa noche fui con ella al hospital”, dijo su personaje, interpretado por Yevgeny Mironov, desde el escenario.

“Quizá fue la decisión más crucial de mi vida política”.

“Gorbachov”, que se estrenó en octubre del año pasado, es una oda a la historia de amor de los Gorbachov.

Al poner su relación a su centro, la obra hace algo extraordinario para la escena artística rusa.

Retrata al líder del país como un ser humano, en lugar de un gran demiurgo, responsable del futuro de la Nación.

Muestra a Gorbachov como alguien para quien las obligaciones morales, hacia su esposa, amigos y ciudadanos, reinaban sobre la política.

En un país donde los autócratas protegen cuidadosamente su imagen, “Gorbachov” es una bocanada de aire fresco.

Celebra la humanidad de una persona que es casi universalmente aclamada como liberadora e igualmente despreciada por muchos en Rusia como el asesino del status de superpotencia del país.

Alvis Hermanis, el aclamado director letón que escribió y montó la obra, trató de mostrar cómo los asuntos políticos parecen secundarios en presencia del amor verdadero.

Hermanis utiliza las herramientas de la tradición del realismo psicológico de Rusia para lograrlo.

Los únicos dos actores en el escenario, Chulpan Khamatova como Raisa y Mironov como Gorbachov, actuaron impecablemente con una precisión escalofriante, creando una atmósfera de atemporalidad y melancolía.

Bajo la dirección de Hermanis, el ritmo le da al espectador suficiente espacio para reflexionar sobre los personajes.

Gorbachov, que asistió a un ensayo y se puso de pie para una ovación desde un palco, no pidió ni un solo cambio.

“Esto es libertad”, dijo, según Mironov.

“Acostúmbrense a ello”.

The New York Times



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