domingo, septiembre 25
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La evidencia es relevante, sobre todo para los alumnos más vulnerables


Promover desarrollo sostenible va de la mano de una educación obligatoria de calidad donde todos acceden y la completan. Atravesada por contextos críticos y en simultáneo por cambios vertiginosos, la educación afronta nuevos obstáculos y, a su vez, nuevas oportunidades. Pensemos por ejemplo en un aula común vs aulas donde cada estudiante es un avatar en el metaverso o ecosistema virtual 3D que se sumerge, interactúa e influye en entornos diversos. Lo paradójico es la necesidad de pensar formas de introducir esos avances – que nos remiten a narraciones de Ted Chiang- , y, al mismo tiempo, ocuparnos en mejorar lo básico, como por ejemplo, que todo estudiante aprenda a leer y escribir.

Atreverse a transformar y alcanzar esos equilibrios inestables entre continuidades y rupturas en pos de cambios sustantivos que impacten positivamente en aprendizajes requerirá de evidencia que ayude a establecer prioridades y políticas que den lugar a procesos de mejora continua, donde aciertos y errores provean aprendizajes y nuevos conocimientos. Argentina tiene atrasos en la generación de conocimiento derivado de evaluaciones de políticas públicas. Esto ralentiza el ritmo de mejoras y hace más ineficiente la acción pública.

La información fruto de evaluaciones diagnósticas, de proceso, de resultados y de impacto así como la formativa en las aulas es insumo relevante para priorizar, definir y reorientar políticas y prácticas. La ausencia o insuficiencia de evidencia perjudica a la población más vulnerable y es una manifestación velada de discriminación y desigualdad. Es en este escenario de logros educativos magros donde la evaluación emerge como una instancia intrínseca e indisoluble en toda acción de mejora.

Resignificar la evaluación requerirá inversión, formación, institucionalidad y un plan que acompañe a procesos y actores. Las evaluaciones estandarizadas – Aprender, UNESCO, PISA- brindan información necesaria aunque no suficiente ante la envergadura de los problemas. Hay que fortalecer la evaluación nacional pero avanzar también en otras metodologías que retroalimenten en tiempo real a docentes, estudiantes y decisores. Es imperativo formularse nuevas preguntas y conocer resultados de innovaciones en secundaria, formación docente, alfabetización, tics, ABP, habilidades emocionales, discapacidad y aprendizajes, entre otros aspectos a explorar, para generar conocimiento y sistemas de alerta temprana que reorienten rumbos.

Bajos aprendizajes y deserciones tempranas en amplios sectores de la población escolar indican que no hay tiempo que perder. Sin evidencia suficiente seguiremos vulnerando este derecho básico.

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