lunes, febrero 6
Shadow

El boom de las acciones argentinas a las puertas de un año electoral




EXCLUSIVO SUSCRIPTORES

El sector privado adelanta decisiones, pensando en que los títulos de empresas están baratos. Sobre los bonos del Estado hay dudas.

Hay datos impactantes: la totalidad de las 21 acciones de empresas argentinas que constituyen el índice Merval subieron en diciembre, dejando ganancias de entre 13% y 38%.

En el año, el mismo índice de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires medido en dólares aumentó 42% y dejó atrás resultados desalentadores en materia financiera de los últimos años.

La suba responde, en parte, a la mejora de los resultados de las compañías y tuvo como motor el fuerte despegue de las acciones ligadas a las petroleras y empresas del rubro energía.

El ícono de esta movida fue la acción de YPF cuyo ADR (American Depositary Receipt, un certificado de un banco de EE.UU. para acciones que no cotizan en ese país) subió 11% este mes y 144% en el año.

La fiesta de las energéticas hizo punta tomando como base los mejores resultados, y tal vez, como forma de adelantarse al año electoral. Los precios de los activos argentinos estaban tan deprimidos que cualquier posible cambio de escenario para 2023 fue considerado como oportunidad de compra.

Mientras la acciones escalaban de manera perpendicular los bonos argentinos en dólares, pese a estar muy deprimidos, se recuperaron algo pero en promedio siguen 20% abajo en el año.

La confianza de los inversores se deposita en el sector privado, mientras que los papeles de deuda del sector público, siempre amenazados por posibles defaults o manotazos, sobrellevan el peso de la duda.

Las acciones parecen adelantarse a un 2023 que tiene una certeza económica que llama a la prudencia: por la sequía, llegarán menos dólares del sector agroexportador.

Un extenso informe de la consultora Equilibra de Diego Bossio y Martín Rapetti estima una caída de 6% en las exportaciones de la agroindustria, a pesar de que las lluvias de las últimas semanas «han permitido recargar parcialmente el perfil del suelo acelerando el ritmo del avance de siembra de soja y maíz».

Según el estudio, la producción de soja será 11% menor al promedio de los 10 últimos años (alcanzaría a 45,6 millones de toneladas) y en el caso del maíz bajaría a 46,8 millones de toneladas desde las 54,6 millones de la campaña 2021/22.

Otro dato interesante es que esta campaña la soja recupera terreno frente al maíz y un disparador habría sido el dólar soja que implementó Sergio Massa.

La devaluación para las liquidaciones de soja fue «la» medida del ministro de Economía para conseguir dólares y lo logró, aunque con efecto decreciente.

En la primera edición del dólar soja se liquidaron US$ 7.668 millones y el Banco Central logró comprar US$ 4.974 millones, mientras que en la segunda se liquidaron, hasta el 21 de diciembre, US$ 2.857 millones y las reservas habían crecido en US$ 1.648 millones.

En el primer caso, el Central compró 65% de los dólares ingresados, mientras que en el segundo ese porcentaje rondaba el 58%.

Arañando el compromiso de liquidar US$ 3.000 millones como respuesta a un dólar soja de $ 230, el Gobierno llega a fin de año aumentando el dólar mayorista 5,7% en el mes y con una brecha cambiaria de 100%, la misma del comienzo de 2022, la película del atraso cambiario se sigue filmando.

Este año el dólar mayorista sube 72,1%, el «contado con liquidación» un 70% y el blue 71%. El desfasaje entre tipos de cambio se mantiene desplazado en el tiempo y con el antecedente de que el ministro seguirá «sacando conejos de la galera» como el dólar soja con la convicción de que no tiene que devaluar porque hacerlo lo puede llevar a una hiperinflación.

Pero, sin devaluación plena y con un ajuste sensible en el gasto (el economista Andres Borenstein dice que el gasto en jubilaciones de noviembre fue el menor en términos reales desestacionalizado desde diciembre de 2014) el año termina con una inflación que araña 100% y no deja buenas noticias para el arranque de 2023: el Gobierno postergó aumentos de tarifas, combustible y servicios que llegarán en la primera parte de 2023.

El año electoral se presenta con el sector privado adelantando decisiones y el Gobierno tratando de postergarlas y barriendo bajo la alfombra para que los problemas a resolver le caigan al que vendrá.

Mirá también



Source link