jueves, octubre 6
Shadow

¿Condenados a la misma receta?



Luis Picat 

Hay un fenómeno que está pasando en los pueblos del interior donde se producen los productos, que a través de su venta, generan derechos de exportación: las famosas retenciones. Este fenómeno, desapercibido y lento en su proceso, es la desinversión, el desempleo, y la muerte de muchas PyMEs.

Soy intendente de una ciudad productora del centro/norte de Córdoba, y puedo observar que en muchas ciudades del interior desde hace varios años no se crean nuevos emprendimientos ni nuevos comercios relacionados a la cadena de valor de las economías regionales (vino, limones, tomates, yerba mate, leche, maíz, soja, carnes, etc). A diario, se escuchan noticias sobre productores que terminan tirando su producción, imposibilitados de vender, con problemas de logística y de financiación.

Se agrava la situación con la incertidumbre del momento, la inestabilidad política y económica que estamos viviendo. No hay hierro para la construcción, no se venden insumos eléctricos (o se venden con “remito abierto”) , y no hay venta de la producción.

Ya son 20 años de impuestos distorsivos y de retenciones. Han pasado dos coaliciones de gobierno, casi 16 años de PJ/kirchnerismo y 4 años de JxC/macrismo (este último realizó una quita importante y luego tuvo que dar marcha atrás). Es evidente que, luego de gastar más de 180 mil millones de dólares, el uso de este recurso tan fácil de obtener no ha tenido resultados positivos. Por el contrario, trajo más pobreza, menos inversión y más desempleo.

Peor aún: la extracción realizada durante todos estos años sobre las economías regionales por el Gobierno Nacional, ha llegado a tal punto que, a pesar de tener años muy buenos en materia de precios internacionales, las ganancias de los productores regionales se han diezmado hasta llegar a cero. ¿La razón? La rentabilidad se transformó en pérdidas, lo que imposibilitó realizar inversiones para mejorar la producción. Tampoco se invirtió en el cuidado del suelo (menos fertilización) y los beneficios de las PyMEs no pudieron ser trasladados a los pueblos y ciudades cercanas.

En consecuencia, las economías regionales se fueron deteriorando, provocando menos trabajo, menos educación y menos tecnología. En tal sentido, continúa la emigración de los pueblos a las grandes ciudades, en busca de otras oportunidades que lamentablemente hoy terminan en un “plan social”.

Ante semejante evidencia, lo peor es que hay todavía sectores políticos, que piensan que las retenciones deben permanecer. El oficialismo sigue a rajatabla esta receta fracasada y parte de sus sectores más duros proponen aumentarlas. Parte de la oposición, en tanto, pretende mantenerlas y un par de candidatos ofrece llevar adelante un programa de bajas progresivas hasta su eliminación.

Me tomé el trabajo de hablar con varios actores políticos de la oposición, casas de estudios económicos y sus equipos técnicos, llevándome la ingrata sorpresa de que la mayoría piensa en mantenerlas. Sus expresiones, que justifican la continuidad de este mal impuesto, se resumen en: 1) “Debido al desmadre o desbalance de subsidios y la falta de dólares en el Banco Central, es imposible desprenderse de las retenciones por varios años”; 2) “No te preocupes, vamos a mejorar las condiciones exportadoras, te vamos a dejar producir, pero necesitamos ese dinero para hacer obras de infraestructura postergadas”. Aclaro que sólo dos ramas de la oposición fueron contundentes en la necesidad de bajar los derechos de exportación inmediatamente.

Debo ser reiterativo con el lector ya que habrán leído lo mismo en otros artículos. La evidencia lo demuestra: el privado, sobre todo el productor agropecuario y las PyMEs, no se llevan el dinero afuera y lo reinvierten en su lugar. Por eso, el término de “economía regional”: el dinero queda allí con un doble impacto económico. Es decir, el impuesto a las ganancias se federaliza, lo cual hace que llegue ese dinero al Estado Provincial y Nacional, y los beneficios del productor quedan en su lugar de origen, generando riquezas y más empleo.

Algunos políticos siguen pensando que el Estado es mucho más eficiente que el privado, y quieren seguir manejando la caja para “planes” o para “infraestructura”. Eso no va más. Si dejaran a las PyMEs trabajar, habría menos planes y con sus ganancias y una buena administración de los fondos públicos, sobra para hacer infraestructura.

No me voy a quedar en el análisis ni en la queja; hay maneras de no desfinanciar al Estado al sacar los derechos de exportación. Con cierta inventiva o idea disruptiva, las retenciones pueden transformarse en un Fondo de Inversión o una SGR (Sociedad de Garantía Recíproca) con dos objetivos claros: primero, capital para inversión privada destinado a PyMEs; segundo, apalancamiento para pedir prestado y no desfinanciar la caja del Estado. Esto último debe hacerse por el término de cuatro años, mientras se deben establecer metas de bajar gastos y reducir las retenciones al ritmo de un 10% anual de su tasa inicial, llegando a los 8 años casi rozando “tasa cero”.

Sí, esto es disruptivo, pero aclaro que lo más sencillo es, de una vez por todas, gastar menos, eliminar gastos superfluos, achicar el Estado, sacar los impuestos distorsivos, y sobre todo las cosas devolver la confianza a todos los argentinos.

Estamos viviendo momentos muy complicados donde la urgencia no nos deja pensar en la planificación y nos maneja la agenda diaria. Es imperioso cambiar el modelo económico y el modelo de concepción del Estado. Apelo a toda la dirigencia política y a los intendentes que gobernamos esas ciudades, busquemos de una vez por todas evitar la misma receta, ser disruptivos, firmeza y no volver al círculo vicioso de saquear los ingresos de las economías regionales.

Nota de la Redacción: el autor es intendente de Jesús María, Córdoba. 



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