domingo, noviembre 27
Shadow

«Con la palabra ‘traidor’ voy a convivir para siempre»


Darío Cabrol recuerda la tarde del 29 de abril de 2001 como si hubiese pasado hace una semana. El escenario fue el estadio 15 de abril y el evento el clásico entre UniónColón. Esa jornada, Cabrol transitó el partido más difícil de su vida, según sus palabras. Sería su primer y único clásico vestido con la camiseta de los Sabaleros.

«Nunca me putearon tanto en mi vida como esa vez», resume el talentoso enganche que brilló en la década de 1990. Y sigue en entrevista con Clarín: «La llegada a la cancha fue un caos, lo mismo que bajar del colectivo. Ya en la entrada en calor pude ver cómo estaban de sacados los hinchas de Unión. Había que tener pelotas para jugar ese partido. El Flaco Gareca, que era el entrenador de Colón, me preguntó durante toda la semana si quería estar. Lo más fácil hubiese sido hacerme el lesionado o algo así. Pero no: yo quería jugar porque era mi obligación como profesional y porque quería demostrarle a Nery Pumpido, técnico de Unión, que se había equivocado en no llevarme. Cuando salimos a la cancha, el médico de toda la vida del club, con quien había compartido mil cosas, me gritó ‘traidor’. De ahí para abajo, imaginate lo que fue esa tarde». 

A grandes rasgos, la historia de Cabrol es conocida: debutó en Unión de Santa Fe con 17 años (jugó 269 partidos y anotó 54 goles), tuvo pasos fugaces por Racing (35 y 4) y Lanús (18 y 2), y retornó a Santa Fe para ser una de las figuras del elenco Tatengue que logró el ascenso a Primera en 1996. Hasta el 2000 brilló con la 10 en la espalda y la cinta de capitán en el brazo. Un entrenador y ex futbolista francés se enloqueció con su pegada de crack y lo llevó a Toulouse, donde firmó un contrato por 4 temporadas. «Pensé que me salvaba», dice risueño.

Pero la institución, manejada por una Sociedad Anónima, quebró a los pocos meses de su llegada. Volvió al país para jugar en Unión, su equipo amado. Sin embargo, lo tuvieron a las vueltas. En el ínterin, rechazó ofertas de Estudiantes y de Vélez. Mientras todo sucedía, el presidente de Colón y vecino de barrio, José Néstor Vignatti, lo tentaba para saltar de vereda. «Ni loco juego en Colón», explicaba Cabrol. Hasta que faltando un día para el cierre del libro de pases, los dirigentes de Unión le dijeron que no lo contratarían; el entrenador Nery Pumpido le había bajado el pulgar. La bronca se apoderó del futbolista. Y Vignatti apareció nuevamente en escena. Horas después, una imagen potente sacudía la tranquilidad de la ciudad de Santa Fe: Darío Cabrol posaba con la camiseta de Colón.

«Todo sucedió en cuestión de horas. Yo estaba ciego por la bronca y el dolor. Me acuerdo que hablé con 4 o 5 amigos hinchas de Unión y me dijeron que le diera para adelante con lo de Colón. Lo loco fue que después esos amigos desaparecieron. Sinceramente, no imaginé todo lo que iba a venir, más allá de que sabía que era algo que haría ruido. La ficha me cayó cuando me quedé solo en una sala en la sede de Colón, antes de firmar el contrato. Miré las paredes y todo era rojo y negro. Pensé: ‘Qué hago acá’. Pero ya estaba metido», rememora Cabrol, que disputó 17 partidos y marcó 3 goles con la camiseta sabalera.

Cabrol durante la presentación como nuevo jugador de Colón.

Cabrol durante la presentación como nuevo jugador de Colón.

-¿Es verdad que tu papá se enteró por Olé de tu fichaje con Colón? 

-Sí, estaba de vacaciones en Carlos Paz y una mañana abrió el diario y vio la foto mía con la camiseta de Colón. Se quería morir, aunque él sabía todo lo que había sufrido esos días. Mi viejo nos llevaba a mi hermano y a mí a la tribuna Cándido Pujato, siempre fuimos muy hinchas de Unión.

-Fueron meses difíciles los que estuviste en Colón… 

-Me cambié dos veces de casa, en la puerta tenía un tipo de seguridad todos los días y al entrenamiento iba en patrullero. Mis sobrinos tuvieron que irse del colegio del club porque no la pasaban bien. Tuve un par de cruces en un supermercado, así que casi que ni salía a la calle.

-¿La llegaste a pasar mal? ¿Sufriste agresiones? 

-No, no. Nunca pasó a mayores. Lo normal eran los gritos de traidor y alguna puteada. Pero repito: salía poco de mi casa para no provocar una situación fea.

-Pasaron más de 20 años de ese momento. ¿Siguen los gritos en la calle?

-Con la palabra traidor voy a convivir para siempre. Aunque ahora la cosa está más repartida: muchos hinchas de Unión se acuerdan de todo lo que hice por el club y me saludan con afecto.

-¿Te arrepentiste de esa decisión?

-No sé si arrepentir es la palabra, pero creo que hoy no lo haría. Tal vez tomaría otro camino, como quedarme 6 meses sin jugar.

Cabrol, con la 10 y la cinta de capitán de Unión.

Cabrol, con la 10 y la cinta de capitán de Unión.

Terminó 1-1 aquel Unión y Colón en el que Cabrol jugó con el número 50 de la camiseta sabalera. Fue un partido duro, como todo clásico, en el que hubo pierna fuerte. «Me metieron bastante. Estaba lleno de banderas en las que me decían de todo menos lindo. Me acuerdo de que los jugadores de Unión no me dieron la mano en el saludo FIFA para quedar bien con los hinchas y con el técnico. Vendieron un poquito de humo«, señala Cabrol, quien también jugó en Universidad de Chile, Emelec y Blooming. 

-¿Gritaste el gol del empate de Claudio Graf?

-Creo que no. Tal vez hice algún gesto para sacarme la bronca, pero me vinieron a abrazar rápido y fuimos a saludar a Claudio.

-¿Volviste alguna vez al 15 de abril?

-Recién en diciembre del año pasado, en el clásico de Reserva. Fueron más de 20 años. Fui porque mi hijo, Mariano Nicolás, quería que vayamos juntos alguna vez. Y fue muy emocionante. Al club lo vi muy cambiado, con la zona de plateas nuevas, lo mismo que el estacionamiento. Durante el partido se me vinieron muchas imágenes de cuando yo jugaba.

-¿Cómo te recibieron los hinchas?

-La mayoría bien, aunque hubo uno que se acercó a decirme algo cuando nos íbamos. Me dieron muchas ganas de ir a ver a Unión, pero sé que no lo puedo hacer porque alguno me va a gritar algo y se va a armar una bola. Prefiero no pasar por un momento así.

-¿Eso te genera tristeza?

-Un poco sí porque Unión es el club del que soy hincha, más allá de que alguno crea lo contrario. Yo llegué al club a los 9 años y le di muchas cosas. Fui capitán bastante tiempo, volví en 1995 cuando todo era un caos y logramos el ascenso. A eso hay que sumarle que siempre dejé mi 15 por ciento de las transferencias. Por suerte algunos hinchas se acuerdan de eso y me tiran buena onda.  

Cabrol con todas las camisetas de su colección.

Cabrol con todas las camisetas de su colección.

Darío Cabrol llegó a Unión a los 9 años siguiendo los pasos de su hermano Eugenio, que llegaría hasta la Reserva. Con 17 años, Mario Zanabria lo subió a Primera y lo hizo debutar ante Mandiyú de Corrientes. Un dato poco conocido es que Darío realizó todas las Inferiores como delantero. «Era goleador», aclara. Fue Carlos Trullet quien lo colocó de enganche. «Terminé disfrutando más de una linda habilitación que de un gol», suelta. 

-¿Debutar con la camiseta de Unión fue cumplir un sueño? 

-Sí y no. Sí porque en la familia siempre fuimos hinchas y me acuerdo de que mis viejos estuvieron ese día. Pero antes era distinto, no había tanta presión. Si llegabas a jugar en Primera estaba bien, pero no pasaba nada si no lo lograbas. Ahora los pibes piensan en el debut desde los 13 años. Nosotros jugábamos para divertirnos y medio que te chocabas con la Primera. Imaginá que la mayoría estábamos varios meses jugando sin contrato. Hoy por hoy los chicos firman en Reserva.

-¿Cómo fue tu primer contrato? 

-Mis primeros sueldos fueron boletos de colectivo. Venía un dirigente y sacaba la cuenta de todo el mes. Yo me tomaba dos bondis para ir a entrenar, así que cobraba doble.

-De ahí pasás a Racing con 19 años…

-Sí, jugar en un grande para mí fue un desafío. Encima había jugadores bárbaros en el plantel: Rubén Paz, Costas, Lechuga Roa, Cacho Borrelli, Turco García, Lagarto Fleita, Claudio Marini. Pero Racing era un caos. Me acuerdo de que nos echaban de los hoteles donde concentrábamos por falta de pago. Nada que ver a lo que es ahora. Tuve la posibilidad de quedarme una temporada mas, aunque decidí irme a Lanús. ​

-Es muy particular la historia de tu pase a Francia…

-El Beto Márcico había jugado en Toulouse y trajo al que era entrenador, Alain Giresse, para comprar a Mariano Messera, que la rompía en Gimnasia. Fueron a verlo y anduvo más o menos. El tipo a la noche se fue al hotel y puso el partido que jugamos contra Newell’s, en el que hice un gol de tiro libre. A los pocos días van de nuevo a ver a Mariano y otra vez más o menos. A la noche ve por televisión el partido que le ganamos 2-1 a River en el Monumental, con un gol mío y el otro del peruano Jayo. Giresse​ volvió a Francia y le dijo al presidente que me compren; creo que pagaron 2 millones de dólares.  

Darío junto a su hijo y los chicos de la Academia Cabrol.

Darío junto a su hijo y los chicos de la Academia Cabrol.

-¿En qué andás ahora? 

-Me gustaría dirigir algún equipo. Tengo el curso de técnico, pero aún no me salió la posibilidad. Después tengo una academia de fútbol, que inauguré hace poco, en la que estoy todo el día metido y en la que también trabaja mi hijo. Es para chicos y chicas de 5 a 20 años, aproximadamente. Ahora estamos por hacer algo con Lanús, así que contentos y creciendo. 



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