
En Cerdeña, el casu marzu es más que un alimento: constituye una experiencia distintiva en la que la presencia de larvas vivas sobre el queso y el aroma penetrante marcan un ritual que mezcla asombro y orgullo local en los restaurantes tradicionales. Su nombre, que significa “queso podrido”, se refiere a su textura cremosa y sabor, resultado de la acción de las larvas de la mosca Piophila casei.
Su consumo implica aceptar la intervención directa de estos insectos: solo así, mediante el proceso de digestión de proteínas y grasas por parte de las larvas, se logra la consistencia y el perfil único que lo distinguen entre los productos lácteos italianos, según la revista National Geographic. Incluso, el libro Guinness de los récords lo catalogó como “el queso más peligroso del mundo”.
El método artesanal para obtener casu marzu depende en gran medida de la naturaleza y la intervención de los pastores de la isla. El queso, preparado generalmente con leche de oveja, se deja expuesto para que las moscas depositen sus huevos.

Tras la eclosión, las larvas aceleran la descomposición, produciendo una masa untuosa y un aroma intenso, efecto de su digestión de las proteínas y grasas presentes en la leche. Las larvas vivas son claramente visibles en la superficie y el interior del queso.
La particularidad de este proceso lo diferencia de cualquier otro queso italiano, ya que ningún otro admite la acción directa de insectos como parte fundamental de su fermentación. Este alimento representa un elemento esencial en la identidad de Cerdeña, no solo en el ámbito culinario, sino también social.
Ocupa un lugar central en la vida comunitaria de Cerdeña. A pesar de la fama de la isla como destino turístico de lujo, su identidad permanece anclada en la tradición pastoril. En reuniones y celebraciones, es común que algún participante lleve consigo una rueda de casu marzu, compartida junto a vino casero y miel local.

El queso maggot, como se lo conoce fuera de Italia, se asocia a historias sobre supuestos poderes afrodisíacos y la longevidad de los habitantes; sin embargo, en realidad, su consumo responde más a una valoración cultural por una tradición transmitida de generación en generación.
Los sardos sienten orgullo por esta especialidad y, a pesar de las restricciones legales y las dificultades para su obtención, la elaboración y su consumo persisten como símbolo de resistencia y pertenencia cultural.
Desde 1962, la legislación italiana prohíbe la venta comercial del casu marzu por motivos sanitarios. En 2002, una normativa europea amplió el veto, impidiendo el comercio de este queso dentro de la Unión Europea. Pese a ello, sigue circulando en la isla a través de redes informales y contactos personales.

Se estima que los pastores de Cerdeña producen más de 90.000 kilogramos al año, aunque el carácter artesanal y la variabilidad de la producción dificultan un cálculo exacto. Su búsqueda se ha convertido en una tradición en sí misma, con familias y aficionados recurriendo a productores de confianza para obtenerlo.
Este queso atraviesa una etapa frágil debido a las alteraciones en el clima. Los veranos más cálidos, consecuencia del cambio climático, han modificado los ciclos de vida de la mosca del queso, reduciendo la previsibilidad y el éxito de la producción.
Un caso ejemplar es el de la familia Nieddu, que el año anterior logró transformar solo cuatro o cinco de sus sesenta ruedas en casu marzu, ya que la presencia de larvas vivas es imprescindible: si estas mueren antes de tiempo, el queso se considera incomestible.

Algunos pastores recurren a técnicas como colocar una rueda ya invadida por larvas en el centro de un círculo de quesos frescos, en un intento de replicar la propagación natural del proceso.
La producción está en manos de familias y pastores que han heredado la técnica a lo largo de generaciones. Figuras como Mario Nieddu, cuarta generación de pastores cerca de Cala Gonone, o el experimentado Andrea Logias, considerado uno de los productores más confiables, ejemplifican la maestría y tradición mantenidas en la isla.
La incertidumbre marca la obtención del queso: cada año la cantidad de ruedas exitosas puede variar drásticamente, lo que añade un componente de deseo y espera entre los consumidores habituales.
Para asegurar el suministro, algunos aficionados mantienen una red de contactos entre varios pastores, rotando pedidos y manteniendo así viva la tradición en un entorno cada vez más desafiante.

Fuera de Cerdeña, se ha ganado un lugar entre las preparaciones gastronómicas más extremas del mundo, junto a productos como el hákarl islandés (tiburón fermentado) o el kopi luwak indonesio (café producido a partir de granos digeridos por civetas).
El interés ha sido amplificado por las redes sociales y la atención de figuras mediáticas como Anthony Bourdain y por su inclusión en el libro Guinness de los récords como “el queso más peligroso del mundo”. Esta notoriedad lo ha colocado en la mira internacional, aunque en la isla sigue siendo, ante todo, un símbolo de identidad y orgullo.
